RAF, Facción del Ejército Rojo

Mesías de un nuevo mundo bautizado en sangre

“Ésa es la generación de Auschwitz; van armados, nosotros no”. Al grito de “debemos armarnos” Johana Wokalek que interpreta en la cinta a Gudrun Ensslin arenga a los seguidores de esta cuadrilla de revolucionarios que puso en jaque a la República Federal Alemana de los años 70. Como dicen en los cines…, “Del director de “Yo, Cristina F” y el guionista de “El hundimiento”, llega a las pantallas “Facción del Ejército Rojo”, partiendo ya del descalabro lingüístico que supuso cambiar en España –siempre tan originalesel nombre al grupo terrorista sustituyendo la Fracción por Facción, como si un fragmento y un faccioso fuesen lo mismo. Pero quitando ese lapsus linguae hay que reconocer que ahora que está tan de moda revisitar la figura del Ché, no está de más pasar revista a sus herederos, entre los que se contaba esta Ulrike Meinhof, la maniaco depresiva experiodista retratada en formato documental que dejó las palabras incendiarias para proveerse de balas, suponemos que tras pasar por autopsicoanálisis recitando el discurso de las armas y las letras y vivir la siempre irrepetible experiencia de las protestas estudiantiles. Los hijos bastardos de la herencia nazi optaron por desprenderse del tufillo antidemocrático que aún se percibía en la reciente República, rechazando violentamente el imperialismo estadounidense, especialmente molesto y doloroso por la primera guerra televisada con todas sus vergüenzas, la de Vietnam. Una vez más los objetivos son encomiables: crear una sociedad más justa, de acuerdo con las teorías más o menos comunistoides del momento, pero las herramientas empleadas para el forjado de este edificio son a todo punto rechazables, con atentados sangrientos, secuestros de aviones y sobre todo, la sensación de indefensión creciendo en las calles en los años en que algo más lejos encontraban a Aldo Moro muerto en el maletero de un coche.

(Publicado en Revista ACTIVA)