Los hermosos escondrijos de un diminuto país

Ostrog alberga uno de los centros espirituales más venerados de la antigua Serbia

Aunque le sorprenda vamos a recomendarle prácticamente todo de Montenegro (Crna Gora), excepto su capital, Podgorica, porque antes de ver la ciudad más administrativa hay muchas maravillas naturales en las que detenerse y además, para eso les adjuntamos un folleto con toda la información de utilidad sobre puntos de interés como el cercano lago Skadar con sus cuarenta islas y Grmozur, su pequeño alcatraz. Habrá quien le diga que los Alpes Dináricos que dan nombre al país debe verlos desde el Adriático, porque desde allí adquieren esa característica tonalidad negra. En ese caso, una de las mejores opciones es desembarcar en la Bahía de Kotor (Boka Kotorska) que, a quienes conozcan Venecia les parecerá un pedazo de la ciudad italiana sin sus retorcidos canales y con un grato olor a hinojo.
Una de las ventajas de internarse por las callejas de esta localidad amurallada es su quietud, tal vez porque los montenegrinos no alcanzan los 700.000 habitantes en todo el país. Su arquitectura medieval y el estar ubicada en el fiordo más largo al sur de Europa la hizo merecedora de ser designada patrimonio de la UNESCO en 1979, cuando aún pertenecía a la federación yugoslava. En ella podrá encontrar aparte de ejemplos de edificios religiosos como la catedral de San Trifón o las iglesias de San Lucas, Santa Ana o Santa María, vestigios de iconografía masónica y de sus fundadores, los cátaros. ¡Pregunte qué recinto sagrado comparten católicos y ortodoxos para sus rezos en pleno corazón de la antigua Cattaro de los italianos!
Pero además de que se dé la casualidad de que Montenegro se esté convirtiendo en uno de los destinos preferidos de personajes como Pamela Anderson que invierten en esta pequeña nación de los Balcanes por la belleza de los paisajes de sus costas, el país cuenta con panoramas naturales también espectaculares lejos de los 293 kilómetros de costa. Uno de ellos es el parque nacional de Durmitor, donde encontrará vistas que, en lugar de adormecerle como indicaría la traducción al castellano, despertarán sus sentidos para dejarle eso sí una placidez total al contemplar el verde de sus islas sobre el azul turquesa de sus aguas y un impresionante valle del cañón que forma el río Tara. Sin contar con la fauna de estos parajes compuesta por 163 especies de aves, además de comadrejas, oso, lobos y linces.
Pero si de islotes famosos hablamos, con el que más va a toparse buscando información sobre Montenegro es el de Sveti Stefan, que pasó de ser tan sólo un pueblo de pescadores a fortificarse como reducto protegido frente a las embestidas de la piratería y los otomanos, con una ciudadela de la que sobresale la iglesia de San Esteban en la cúspide de la isla y que puede ver desde la costa dálmata, donde muchos de los feligreses de la noche balcánica escogen Budva por su espléndida combinación de ambientes y el esplendor de su silueta véneta que hechizó incluso a Madonna y mucho antes a su fundador, el legendario rey fenicio Cadmo. ¡Déjese caer por allí y descubrirá que no todo en Hacienda, uno de los garitos del lugar, tiene que traerle malos recuerdos! Lo mejor para la sed en estos sitios será degustar algunas de las especialidades locales como la cerveza de Niksic y el rakija, una especie de licor de uva con el que maridar los mezze o entremeses que podrá acompañar con ajvar, elaborado principalmente con pimientos rojos, berenjena, ajo y pimienta.

Un poco más al sur siguiendo la carretera de relieve kárstico que conduce hasta Vladimir, un pueblo que no está ni en los mapas, llegaría al pueblo que linda con Albania, Ulcinj, camuflado según aseguran las malas lenguas por Cervantes en el más castellano de Dulcinea, protagonista femenina de su Quijote, seguramente influido por el conocimiento que tomara de la región tras su cautiverio a manos del renegado Dali Mami en Argel.
De todos modos deberá regresar al interior si quiere visitar el centro espiritual montenegrino en Ostrog, monasterio al que podrá llegar desde la localidad cercana de Niksic y que detectará casi por intuición, por la escasa señalización del trazado. Si va al atardecer, puede que intentando otear su localización le parezca un punto luminoso, como si se tratara de un enclave militar encaramado en la cima de una montaña sobre el valle de Bjelopavlici, a 900 metros sobre el nivel del mar. No se equivoque…, la luz la irradia en este santuario la fe de los devotos de Vasilije Jovanovic (san Basilio para nosotros) que, no importa haga frío o calor, acuden en masa para ser bendecidos por el santo que inexplicablemente ubicó la ermita de la Santa Cruz incrustada en la pared rocosa. Si llega al caer la noche puede que le sorprenda ver la explanada central repleta de peregrinos tumbados sobre mantas y colchones esperando que llegue la mañana para venerar los huesos del eremita. ¡No se preocupe si no ha traído la suya, en el albergue le ofrecerán amablemente una, incluso aunque no sepa una palabra de serbio!

Pre-románico, gótico y barroco se fusionan en Montenegro con escenarios montañosos por encima de los 2.000 metros de altitud de denso bosque y abruptos valles

(Publicado en ACTIVA)