“Abandoné Albania para buscar un micrófono”

Entrevista a Ismaíl Kadaré

Su residencia de verano en Dürres es todo lo contrario a sus novelas, un lugar apacible y luminoso donde uno pensaría que nunca podría pasarle nada malo. Sólo un bunker reconvertido en chiringuito playero y un pinar cercanos traen a la memoria esa oscuridad del totalitarismo albanés del que el escritor escapó para abrirle los ojos a Occidente. Creyente en la literatura y en el poder de la prensa, sigue siendo el mismo, aunque en estos años sus gafas de pasta hayan dulcificado su imagen y haya logrado ser más autor y menos político in pectore. El Premio Príncipe de Asturias por su ojo sabio para denunciar lo grotesco de las dictaduras puede que sea la señal definitiva: ¿quizá el Nobel aguarda este año?

Alicia González/ corresponsal en Tirana ¿Cómo recibió la noticia de la concesión del Premio Príncipe de Asturias?

¿Qué voy a decir, que lo recibí con descontento? Por supuesto que no. Es un premio que cualquier escritor aprecia, porque tiene mucha autoridad, no solamente por la palabra “príncipe” (dice burlón), sino porque su jurado ha cometido pocos errores y generalmente ha otorgado el premio a quienes lo merecen.

Su traductor en España, Ramón Sánchez Lizarralde, decía que para usted era una de las traducciones más literarias y de la que se sentía más satisfecho…

Ramón es uno de mis dos o tres mejores traductores; yo estoy muy contento, porque mis mejores traducciones son en alemán, español y francés, y las tres se han hecho directamente del albanés. La última de la que he tenido noticia ha sido en Egipto, una versión escrita en lengua rom.

¿Y el hecho de que aún no haya un buen traductor al inglés puede ser un decisivo inconveniente para que se le valore como candidato al premio Nobel?

No creo que sea ése el factor que lo haya impedido.

…Aunque entra en una de las famosas cuotas, al ser de un país como Albania…

No quisiera ganar el premio en esas condiciones; es un reconocimiento que uno debe ganar sólo como escritor.

¿Tiene algún candidato para este año? (Responde tajante un “jo” que hasta la periodista analfabeta en albanés reconoce como un ‘no’ rotundo). ¿A quién lee habitualmente Ismaíl Kadaré?

La lectura de un escritor no es natural, porque su profesión impide que lo haga como un lector normal. Las lecturas más apasionantes ya las he realizado antes, así que leo como profesional.

En España recientemente se ha traducido a F. Kongoli ¿es su heredero natural?

En literatura no hay sucesores ni seguidores (bromea), se nota que venís de una monarquía, de un país con un príncipe y un rey, pero en literatura lo que hay es tiranía.

Cortante lirismo

Ha definido el kanun como una tradición que brota de la tragedia griega, ¿eso hace de Kadaré un escritor mediterráneo?

¿Qué quiere decir con un escritor mediterráneo?

Pues que trabaja con una calidez mayor de la que refleja ese estilo frío del que hablábamos…

Los escritores del Mediterráneo pueden ser cálidos, duros, fríos como los autores de todo el mundo; al fin y al cabo en este mar nacieron la comedia, la tragedia, la lírica…

Sus neologismos, metáforas y otros recursos lo reservan a una minoría culta…

Toda la literatura seria es así (concede)…

“Spiritus” quizá no sea, por lo difícil, el libro más aconsejable para iniciarse en Kadaré… ¿Cuál de sus obras recomendaría a un lector español para comenzar?

Precisamente ése no (se ríe), pero sí un libro que es sencillo y fácil de entender como “Crónica de piedra”; aunque es cierto que tengo varios libros complicados. Alguno diría que muchos… (Vuelve a sonreír). Bueno, ¡qué se le va a hacer! (carcajea).

Kadaré no es un hombre que se deje llevar por los estereotipos… Un escritor normal no debe someterse a ellos. En alguna entrevista mencionaba que no controlaba el proceso creativo y que los personajes y el argumento se le imponían… No sólo no lo he dicho, sino que no estoy de acuerdo con tan cosa… (bromea), porque el escritor controla todo.

Sus libros combinan una cruel contundencia con dosis de lirismo…, una oscuridad en la que no hay salida para el ser humano.

Depende de los libros. Generalmente me han considerado un escritor duro, un poco oscuro, pero eso no es ni una alabanza ni una crítica, es algo normal para un escritor.

La literatura como creencia

De qué le ha salvado creer en la literatura?

Del régimen comunista.

¿De la desesperación, quizá?

En absoluto. Cuando uno es escritor comprende en su ser que lo que escribe va a existir y que el régimen sobre el que estás escribiendo va a morir. Si uno tiene como patria a la literatura, eso te salva de todo. Si no tienes fe, estás perdido, pero si confías en que tus jefes, que son otros escritores, son superiores a los gobernantes del país en el que vives, eso te otorga una gran fuerza, porque perteneces a otra raza, a una civilización distinta.

El miedo durante la dictadura había que superarlo para que no le atenazara…

Me hice conocido en Occidente con los libros que escribí durante la época del comunismo, es decir, vosotros habéis leído mis libros –y cuando digo vosotros me refiero al mundo occidental cuando vivía en un país que era casi como una cárcel y no he ganado la fama precisamente después de su caída (afirma tajante). Incluso el premio Príncipe de Asturias me lo han concedido principalmente por obras de esa época. Por eso, todos los comentarios que hablan de mí como escritor de la élite son rastreros. Durante la dictadura albanesa Kadaré era para la derecha española el defensor de las libertades. ¿Se siente cómodo con estos variopintos encasillamientos políticos?

Así ha sido siempre. Mis obras se publicaron por primera vez en 1970, hace cuarenta años ya, y desde entonces me hice famoso. Los que me calumnian en Albania, los comunistas, antes escribían cartas contra mí al Comité Central del Partido, al Ministerio de Interior. Son miles y miles de denunciantes, los mismos que ahora. Se ha publicado un libro entero con ese material, “La carpeta K”. En aquel entonces me consideraban anticomunista y ahora me catalogan de comunista (gesticula con resignación).

¿Confió plenamente en el potencial su obra desde el inicio?

Sí, por supuesto. Desde muy joven lo supe.

¿Se siente en los últimos años menos abocado al compromiso político y más libre?

En la época comunista pensábamos en cómo escribiríamos en un sistema libre; era todo un enigma. Pero cuando cayó el comunismo constaté con alegría que seguía escribiendo igual, lo que demuestra que la libertad que necesitaba la tenía antes, es decir, que mis obras de ahora no son en ese aspecto mejores que las de entonces. Mi obra posterior no es ni más bella, ni más valiente. Incluso las obras de mayor coraje como “El palacio de los sueños”, mi libro más valiente, las publiqué en los años más oscuros de la dictadura.

¿Entonces no se ha replanteado volver a escribir ninguna de esas obras?

Siempre haces alguna corrección técnica, pero jamás ningún cambio político. Sé que hay muchas calumnias al respecto (dice sonriendo), porque hay un batallón entero dedicado a eso en todos los países, incluso oficinas completas.

El paisaje de sus novelas es duro incluso psicológicamente, ¿ha evolucionado eso también con los años?

Es una pregunta que me han hecho muchas veces, aunque no me agradara durante el comunismo. Me decían, ¿siendo Albania un país muy claro, muy luminoso, por qué llueve tanto en sus obras, por qué hay tanta niebla?

Es algo quizá más emocional que real…

Éste buen tiempo ha sido uno de los clichés del realismo socialista con una primavera llena de luz, optimismo y alegría…

Y la recogida del trigo…

…Y el entusiasmo, la confianza en el futuro, etc., mientras que en mi obra se reflejaba una tristeza muy visible y un clima nefasto, lo que constituía toda una oposición meteorológica (afirma burlón). Al principio era la única manera para poder expresarlo y me salió de modo natural. Cuando estuve en Moscú como estudiante escribí mi primera novela que, de manera instintiva, era una especie de contramodelo de lo que escuchaba en la escuela, donde las exigencias del realismo socialista decían que la literatura debía ser optimista, con una moral muy sana, una esperanza en el futuro y héroes…

¿Y en sus últimas novelas brilla más el sol?

Voy a hacer memoria…, más bien tengo un clima neutral. Generalmente en mis obras los personajes son negativos y siempre lo bueno es vencido por lo malo, por eso en aquel tiempo no eran bien acogidas y llegábamos a publicarlas con muchas dificultades.

Y aunque niega que su novela sea autobiográfica, siempre se detecta algún pasaje, no sé si eso es una mala lectura…

 Ciertamente es inevitable incorporar algo de cada uno y es una ley universal en la literatura. En ese sentido no he hecho nada especial.

En “Cuestión de locura” el personaje introductorio es un niño, ¿sólo desde su mirada inocente se puede afrontar la tragedia?

No lo había pensado así, pero hay algo de eso.

¿Es usted más prolífico ahora, tiene más necesidad de escribir? No, incluso pienso que mi creatividad es ahora menor. Hace veinte años que cayó el comunismo y yo he escrito menos obras, porque cada escritor trata de romper una parte de la obra que tiene dentro de sí mismo. Y es un éxito muy grande cuando lo logras.

¿Todavía tiene que pasar el tiempo para que en su país se haga una lectura de Kadaré más literaria y menos política de sus obras o el hecho de que se haya comprometido y se le haya hecho el abanderado de la oposición ha provocado que no se reconozcan sus méritos como escritor?

No, a mí ya se me lee por mis valores artísticos. En un régimen estalinista no hay abanderados de la oposición (sonríe). No puede haberlos; ni oposición, ni líderes de ella. Yo he sido conocido fundamentalmente por mis valores artísticos. Para los militantes comunistas del régimen yo estaba considerado un autor muy ligero en el sentido político. Para ellos los escritores son así, no son muy inteligentes, no comprenden bien, están medio locos… (ríe).

Ha dicho que cuando estuvo en Moscú descubrió la vida privada. No sé si la rutina era el mayor enemigo del estalinismo…

 En Moscú como estudiante extranjero no tenía contacto con el terror que se ejercía allí, porque en una dictadura comunista la vida tiene una faceta exterior, lírica e idílica, que impide que uno entienda lo que pasa.

 ¿Ser escritor era la mayor culpa durante la dictadura?

En absoluto. El régimen, los fanáticos, son los que te consideran culpable, incluso el mundo exterior también puede verlo así, pero no los demás. En Albania había desgraciadamente una amistad sorprendente entre derechas e izquierdas y por eso estaba doblemente aislada. La derecha europea no la quería, porque era un país estalinista, pero tampoco la izquierda, porque estos países estaban vinculados con la Unión Soviética y la enemistad con la URSS los convertía en enemigos, así que en aquel tiempo nosotros teníamos unos escasos amigos maoístas. Luego Albania rompió también con China y perdimos también aquellos amigos y quedaron entonces unos marxistas-leninistas aislados que eran amigos nuestros. El único provecho (bromea) fue que ganamos algunos traductores como el caso de Ramón (Sánchez Lizarralde).

Decía Ramón que durante la dictadura se hacía leer los libros de Kadaré a los colaboracionistas para que explicasen los mensajes ocultos, dada la cortedad de los integrantes del régimen

Sí, incluso un preso político ha escrito sobre esto. Un poeta encarcelado contó explicó cómo se lo propusieron diciéndole que como enemigo del régimen comprendía mejor a otros enemigos. Era algo típico por aquellos años en Albania.

Sabían que estaba escribiendo algo nocivo, pero no sabían muy bien qué…

Una parte lo sabía, pero otra creía que iba a descubrir algo incluso peor que lo que en realidad se contaba. Todo régimen es un poco paranoico.

Como en la censura española…

No, yo creo que en el comunismo era peor, era más profunda. Cuando se exilió dijo que la libertad en Albania era algo distinto.

 ¿Si no se hubiera marchado entonces para realizar esa oposición desde fuera, cuánto tiempo más se hubiera mantenido esa dictadura agonizante? ¿Le dio la puntilla al régimen?

No, fue más sencillo y menos dramático. Tuve la suerte de comprender que el régimen albanés no lo iba a democratizar Albania, porque existía un plan secreto. Yo sentía que algo no iba bien. Actualmente no se reconoce esta trama y siempre se defienden diciendo que son inventos detectivescos de Kadaré. En pocas palabras, el gobierno comunista prometía que estaba relacionándose con el de Occidente, porque con los países del Este ya había roto, pero en realidad con quien había entrado en contacto era con los golpistas rusos anti-Gorbachov, que habían ocupado el Ministerio de Interior y de Asuntos Exteriores e iban a derrocarle. El objetivo era atraerse a las dos ovejas negras, Albania y Yugoslavia, que se habían separado de Rusia. Mis compañeros y yo pensamos que había que darle un empujón para desenmascarar esta hipocresía. Fue entonces cuando me fui a Occidente para dar una entrevista, igual que estoy haciendo con usted hoy. En realidad, abandoné Albania para buscar un micrófono. El primer día que pedí asilo político en Francia di esa entrevista que escucharon todos los albaneses, porque se transmitió por “La voz de América” para restarle coraje a la dictadura e impulsar la democracia. Un acto muy concreto que jugó un papel determinante.

Con lo cual, aunque no sea musulmán practicante, sí que es creyente en la prensa…

Por supuesto.

¿El comunismo falló como ideología porque confió en que el hombre iba a ser más solidario o el problema fue el férreo control de las libertades?

El fracaso del comunismo está en la idea de Marx de que llegará un sistema social en que el hombre será tan angélico que no querrá más riqueza que la necesaria para vivir. Una humanidad de ese tipo no existe, incluso de ser así, desaparecería. El ser humano es otra cosa, por eso el comunismo es peor que una ilusión religiosa.

¿Se considera el cronista de una época sin sentido?

Desde un punto de vista, tal vez sí.

“Sólo devorándose mutuamente pueden convivir la verdadera literatura y la dictadura…”

Son dos bestias y considero a la literatura tan feroz como la dictadura.

¿Qué escritores salva de la dictadura de Hoxha?

Muy pocos, pero en cada uno de ellos puedes encontrar 30, 50 o 200 páginas buenas.

¿Hay todavía muchos autores oficiales de esos que matan la literatura?

 Siempre ha habido y siempre habrá.

En algún momento se planteó su figura como el alter ego del Hoxha escritor…

(Se ríe). Era un autor tan pobre que no me considero escritor como él.

¿Qué sintió a su muerte?

Un alivio, pero no sólo yo, sino toda Albania o al menos la mitad de ella.

Lo difícil de ser normales

¿Es partidario de mantener monumentos como la Pirámide para no olvidar?

Claro, se puede convertir en un teatro, no tiene porqué destruirse, pero no para recordar, porque la memoria es más profunda.

¿Una de las herencias positivas del comunismo ha sido quizá la ausencia de fundamentalismo religioso en Albania?

Al contrario, con la prohibición brutal que hizo de la religión el comunismo causó una reacción proreligiosa muy activa después de su caída. Hizo un gran daño en este sentido, porque la tolerancia de las religiones en Albania viene de antiguo.

¿Qué le parece la mezcla intercultural en España?

No la conozco en profundidad, aunque sé que por eso España tiene una visión particular sobre la cuestión de Kosovo, partiendo de posiciones internas. Aquí hay una discusión lingüística, porque en Albania existen dos dialectos y uno de ellos está en la base de la lengua literaria y los que son partidarios de que el otro dialecto se constituya también en lengua literaria nacional ponen el ejemplo de España que tiene varias lenguas.

La última vez que estuvo en España, en el Festival de las Letras de Bilbao se vio en un brete porque intentaban equiparar Kosovo con el País Vasco…

Esto me sucede en varios países; incluso en una ocasión en Córcega casi me meten en una provocación contra Francia.

¿Y en el País Vasco tienden mucho a esa confusión?

Sí, es cierto.

“Ahora somos un país normal” ¿en qué consiste esa normalidad de Albania?

Albania es un país con un número extraordinario de problemas, pero ha sido un país tan loco que ahora incluso parece normal.

¿Se instalará en Tirana o aún debe seguir contando lo que sucede fuera de su país?

Mi vida no está ahora al servicio de ningún objetivo, pues he encontrado un equilibrio viviendo la mitad del tiempo en París y la otra en Tirana. No tiene ningún sentido político el que yo pase el verano en Albania. Si encuentra algún oscuro simbolismo en estos árboles o en el guarda de seguridad puede comentarlo… (dice jocoso), aunque todas las zonas residenciales turísticas tengan uno.

 ¿Ha perdonado ya a Occidente el haber dejado sola a Albania en aquel momento?

La culpa ha sido de la misma Albania por esa enemistad con Europa que es el mayor crimen del comunismo y si de algo estoy orgulloso es de haber glorificado a Europa, la civilización de la que Albania se separó de manera trágica.

Decía que el problema de los Balcanes es transformar esa energía negativa en positiva y que con un poco de sensatez se podría acercarlos a Europa…

Albania es un pararrayos capaz de parar todos los ataques; yo mismo soy severo con mi país y sé que merece buena parte de las críticas, aunque a veces sean excesivas. En los Balcanes hay mucha energía negativa, pero se puede reconducir en positiva y yo tengo mucha confianza en ello, porque es muy importante.

Con los sucesivos cambios en Albania le han ido paulatinamente otorgando distintas misiones políticas… Y también durante una temporada cuando Occidente quería hablar seriamente sobre Albania se citaba con Kadaré…

Sí, me han propuesto todos los puestos posibles. Esto puede ser bueno, pero no siempre es positivo para un escritor.

¿Le cansaba mucho ser albanés en esos momentos?

Sí me cansaba, porque Albania es una carga muy pesada (concluye sonriendo).

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