Juan López Uralde, director de Greenpeace en España

 

Los guerreros del arcoiris se encaminan ya a la treintena. La evidencia del cambio climático es ya incontestable, aunque muchos tacharan de agoreros a los ecologistas. Una de las organizaciones más importantes, Greenpeace, está de enhorabuena, o no tanto, porque son ya veinticinco los años que llevan dando la cara por el respeto y la protección del medioambiente. Un cumpleaños seguramente trágico que más de un activista quisiera no tener que celebrar. En el año en que Greenpeace celebra sus bodas de plata, los ecologistas presentarán un informe sobre las evidencias del cambio climático. Apretar el acelerador sobre el cierre de las nucleares ha sido en estos últimos meses su preocupación más acuciante, con la cabeza puesta en la Cumbre de Copenhague, donde se juega la carrera a favor del medio ambiente

¿La crisis está mermando la conciencia ecológica?

No, la crisis está afectando al discurso institucional y político y ha impuesto uno que yo creo que es totalmente equivocado de que con la crisis ambiental no toca hablar de medio ambiente. Esto es un error radical, porque precisamente en él se pueden encontrar muchos elementos que pueden ayudarnos a luchar contra la crisis. 

Como el hecho de que algunas de las profesiones con más futuro sean las relacionadas con las energías renovables… ¿El cuidado del medio ambiente pasa por hacer más profesional el sector y convertirlo en un medio de vida?

Sin lugar a dudas. Las energías renovables, el reciclaje, la protección de los espacios naturales son sectores ya muy profesionales y muy profesionalizados con una industria de un desarrollo tecnológico muy importante. Eso sí que lo hemos visto desarrollarse en estos veinticinco años radicalmente. Hoy en día la industria de las renovables ha llegado a generar hasta 200.000 empleos entre directos e indirectos en España, por tanto estamos hablando de sectores con mucho calado social, afortunadamente. Si estamos hablando en serio de una revolución ambiental eso pasa por el desarrollo de estos sectores alternativos hasta ahora.

¿Hay algo más pueda hacer el ciudadano, o ya está todo dicho?

Hay una cuestión que no se dice mucho y es fundamental y que es asociarse, porque podemos hacer mucho más agrupados que individualmente. Es en lo que más tenemos que incidir, porque si te preocupa el medio ambiente además de apagar las luces o reciclar, participa con aquellas organizaciones que están haciendo iniciativas para cambiar las cosas a un nivel que a lo mejor tú como ciudadano no puedes transformar.

Porque España es poco proclive a la participación asociativa…

Sí, porque si comparamos nuestro tamaño con el de Holanda, un país de 14 millones de habitantes, allí Greenpeace tiene 500.000 socios, es decir, el nivel de asociacionismo y de compromiso es infinitamente mayor. Eso es lo que determina también el estado de las políticas medioambientales.

“Lo que vemos demasiado a menudo es que el medioambiente es bueno para hacer discursos, pero luego en la acción política no se lleva adelante”

¿España está aplicando políticas decididas o todavía queda mucho por hacer como en la protección del litoral?

Lamentablemente el Gobierno español ha reducido el peso político del medio ambiente, fusionando el ministerio con el de Agricultura y Pesca. Los pasos que ha dado el Gobierno en esta última legislatura más bien han sido para atrás; en parte tiene que ver con que la oposición hasta ahora por lo menos lo que ha hecho ha sido incluso cuestionar que el medio ambiente fuera un problema, lo que es un auténtico drama.

¿La politización del cambio climático es contraproducente?

Sin duda. Lamentablemente en España por algunas declaraciones desgraciadas de algunos políticos el tema se politizó y realmente el cambio climático no tiene color político. Es un problema que tiene la tierra y al que tenemos que hacerle frente entre todos y en el que todos los partidos tienen que plantear cuál es su alternativa. De hecho, da la sensación de que afortunadamente ha habido cierto cambio en ese sentido. Recientemente la posición del Partido Popular la han clarificado, comprometiéndose en la lucha contra el cambio climático. Ahora bien, también es verdad que hay elementos de preocupación, por ejemplo, el hecho de que como denuncian los trabajadores de Telemadrid no se informa de las noticias sobre el cambio climático.

¿Tienen novedades sobre la central de Garoña?

No hay mucha novedad. Nuestra posición la hemos planteado claramente; creemos que la central debe cerrarse porque está más que cumplida su vida útil. Es una central que se inauguró para veinticinco años y se abrió en el año 71, ya va para los cuarenta y por tanto está funcionando en condiciones que no garantizan su seguridad y lo que pedimos es el cierre inmediato. Y esperamos que Zapatero cumpla su promesa electoral sobre el cierre progresivo de las centrales nucleares. Ahora que hay una central nuclear a la que se le termina la vida útil; es hora de pasar de las palabras a los hechos.

“El cambio climático no tiene color político, es un problema que tiene la tierra y al que tenemos que hacer frente entre todos”

Recientemente Bill Clinton estuvo en España hablando de compromisos medioambientales cuando él tuvo en la mesa el Protocolo de Kioto y no se decidió a firmarlo. ¿Es más fácil tener conciencia verde cuando uno deja los cargos públicos?

Desgraciadamente lo que vemos demasiado a menudo es que el medioambiente es bueno para hacer discursos, pero luego en la acción política no se lleva adelante. Hay políticos que se comprometen con la defensa del medio ambiente y raro es el caso que no acaba chocando con el aparato de los partidos y acaben saliendo de mala manera.

¿Todavía son posibles desastres como Bolidén o el Prestige o ya hemos aprendido de estas catástrofes?

Por supuesto. El hecho de que no haya otro Prestige es sólo cuestión de tiempo, porque hay situaciones como la de la bahía de Algeciras donde los petroleros están acumulados en una zona relativamente pequeña, con un tránsito grandísimo, por lo que si no se toman medidas, tarde o temprano terminará ocurriendo una catástrofe.

¿Somos ya sin remedio un país transgénico?

No, todo tiene remedio y pasa precisamente porque el Gobierno ponga freno a la expansión de los cultivos transgénicos, porque mientras otros países, incluso con gobiernos conservadores como el alemán, prohíben el maíz transgénico, aquí es un cultivo libre.

¿Cuáles son vuestras últimas campañas?

Estamos con el Rainbow Warrior denunciando los impactos del cambio climático en España en las rías gallegas, donde por ejemplo, el aumento de las temperaturas de las aguas está poniendo en peligro cultivos como el del mejillón. La campaña más urgente en este momento es Garoña, sobre lo que venimos trabajando ya desde hace bastante tiempo. Esperamos que se termine para bien en las próximas semanas y poder centrarnos más en el cambio climático que va a ser el próximo caballo de batalla por lo menos hasta final de año que será la Cumbre de Copenhague, donde se deben tomar decisiones importantes.

¿La sociedad española está preparada para movilizarse ya a través de Facebook?

Estamos ahí y consideramos que es una herramienta muy importante para nuestro trabajo y bastante efectiva, hasta el punto de que la web que pusimos en marcha Yosoyantinuclear.org nos la ha copiado la industria nuclear, lo que es un indicativo de que estamos en la vanguardia de esta comunicación, mientras que la industria –lo que es bastante patético- lo que hace es copiarnos.

¿El que en las elecciones europeas el medio ambiente no haya sido objeto de discusión es un mal síntoma?

No la ha sido en España, donde toda la campaña se ha centrado puramente en la política española, pero en otros países sí lo ha sido. De hecho es un poco penoso porque realmente lo que está en juego es cuál va a ser el modelo energético europeo en el futuro, el tipo de agricultura, cuál va a ser la política pesquera, reduciendo de una vez las flotas o no y sin embargo estamos hablando de los aviones de Zapatero.

(Publicado en Revista ACTIVA)

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