Piel de perro

Piel de perroKristo Tarapi ha vivido toda su vida en un régimen de libertades limitadas como el de la Albania de Hoxha, razón que quizá explique por qué se siente observado. La muerte de su esposa acelera esa inquietud de acercarse a la plaza en la que parece esperarle un personaje descabalgado de la estatua. En realidad el Hades del que escapa es el de su propio fracaso que escenifica a través del recuerdo de las mujeres que han precedido y seguido a la madre de sus dos hijos, y hasta en algún caso se han simultaneado con esa mujer de ojos verdes. Una degeneración amorosa con un personaje que podría transitar desde el amante galante de Proust al arropiero de Bukowski salvo en que sus avatares recuerdan al periplo de un siempre fiel Ulises cayendo en brazos de unas y otras a la vuelta de Troya.

El novelista de Elbasan nos envuelve en la atmósfera de las colas inacabables de los productos racionados y en los silencios de las salas de cine donde el guionista de tercera desata su frustración dando rienda suelta a amores adúlteros. Pasiones que parecen encadenarse en el tiempo sin interrupciones de las dictaduras denunciadas sin ambages ya en su momento por el eterno candidato al Nobel Kadaré, al que dicen que Kongoli hereda en sus buenas mañas literarias.

Tarapi tiene instantes de desesperación, a veces botella en mano, cautivado por la atracción femenina que no repara en edades ni condición social, con la zarabanda final de un viaje con el que concluye su descenso a los infiernos, asomado a la perspectiva Nevski y con aires de Leopold, Bloom, por supuesto.

Fatos Kongoli. Siruela. 268 páginas. 18,9 euros.

Anuncios