La mar sigue emplatada

Y dijo Rajoy: En verdad os digo que no me temblará la mano si se confirma la presunta trama de corrupción en Madrid (Mateo 10, 1-3). La biblia mediática de los populares, exiliado el infausto Zarzalejos, volvía a dar voz al profeta barbado para recordarnos la terribilità de su cólera ante tamaños desmanes. Quedó en nada… Meses más tarde la paciencia de Job rebosa ante el silencio del patriarca al que no le suenan las correas, ni los trajes ni los tránsfugas que corren desatados. Será quizá porque como sentenció el Señor del Antiguo Testamento (sic Fraga): “Esta vez se le ha aplaudido más que otras”. Los jaleos y los votos por tierras levantinas (¡ojalá fuesen levanstiscas!) y madrileñas (¿Alguien sabe qué pasó con Tamayo y Sáez?) terminan siendo la melaza en la que el presidente de la olla hirviendo de Génova envuelve el pastelito para que se lo trague el electorado, relleno de la nada programática más absoluta.

Una semana de ataques a la empalizada de Moncloa, acusando a Zapatero de presidencialista, para llegar a la conclusión de que “La derecha no tiene mucha tradición de debate interno en las reuniones”. ¡Acabáramos, tal vez eso explique la proverbial prudencia del gallego, porque habiendo sido designado por el dedo que ahora vestido de FAES –como en la boda de El Escorial de los faralaes de la envidiosa burguesía crecida de la que ya no nos acordamos mas que los que vimos “La boda de Alejandro y Ana” de Animalario que hubo de representarse en salones de bodas para huir de la furia de Aguirre- no se atreva a alzar la voz, no sea que alguno critique el proceso hereditario y se le acabe la opción a perder en las próximas elecciones! Porque no nos engañemos, mucho tendría que quebrarse la economía para que en el combate Zapatero versus Rajoy, éste convenciera al votante de que su inacción en los maitines se va a convertir por milagro cananeo en repartir panes de expulsiones de partido y en peces de buenas maneras políticas en las que no entran desde luego alusiones como la de Pío García-Escudero sobre el atentado de la T-4, por muy hilado que pretendiera el oxímoron o las declaraciones de la dirección (“No es el momento de proponer medidas dolorosas”. Ya nos dirán cuando es fecha, porque habrá que señalarlo en el libro perdido de Nostradamus como evento que se produce coincidiendo con alguna revolución astral seguramente cada 3.000 años). La clave es que para Mariano todo queda en hilillos, sean los del Prestige, los de las corruptelas orquestadas en las vecindades de las cajas del partido o los de pespuntear la alternativa a la que ahora según aseguran dedica su tiempo. Que libertad sólo conoce la de los farmacéuticos para restringir el derecho de las adolescentes a conseguir la píldora y que Castro le parece un peligro a batir, aunque con él comparta algo más que la afición a los puros. ¡Esperemos que le pueda el mono de fumar y se vaya al océano Atlántico a por tabaco! 

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