Llega una edad…

Llega una edad en la que por mucho que sea el amor lo que más pueden son las fuerzas. Esta tarde dos viejecitos subían una escalera en uno de esos edificios espléndidos en la trasera del Museo del Prado. El dinero del precio por metro cuadrado no les ha podido sufragar unas piernas que los sostengan lo suficiente. Cada uno se agarraba a un extremo de la barandilla palaciega. En la calle una pareja buscaba los agarres en los labios del otro; no necesitaban asideros. El amor no resiste ni la osteoporosis, ni el paso del tiempo, porque llega un momento en que es más importante sostenerse solo que apoyarse en otro.