El principio y el final

El principio y el finalMira es la psicóloga a la que recurren una comitiva de londinenses con poca capacidad de escucha: es evidente que al terapeuta uno va a que le sienten en el diván y acto seguido desahogarse, pero a poco avispado que fuera el receptor se habría percatado del drama evidente de una serbia transterrada. Eso en primera instancia, porque además de ser espectadora silenciosa del asedio a su pueblo con la aquiescencia de la comunidad internacional que equipara dirigentes y dirigidos. Su Sala de Partos, como llama el marido de Mira, Peter, a la consulta en Candem Town de la serbia, es el centro neurálgico de una novela que pondrá al lector cara a cara frente a sus miserias para que entienda el justiprecio de las circunstancias.  

 La maternidad frustrada y frustrante de la Aristócrata y la Madonna Doliente, la furia incontenida del Intolerante, la promiscuidad sucesiva e insustituible, por el momento de la periodista Americana, asoman a ese cuarto primero dócil y luego indomesticable de Mira, desde el que nada puede contra la pesadilla de su hermana Svetlana. 

No hay gafas oscuras que reconcilien a Mira con el mundo cuando Peter es ya un apéndice más de ese sillón horrendo de vinilo que sólo a los dueños de la casa gusta. No le quedan instantes por compartir con un marido que se va, mientras Graham y Clare, están más a la resolución de su proyecto procreador que a la enfermedad del profesor de literatura rusa. Algo de los mutismos chejovianos y de la importancia de lo que está por decir desde luego tiene esta novela de Sylvia Brownrigg.

Sylvia Brownrigg. Circe. 421 páginas. 23 euros.