Hago mío tu dolor que me sale más a cuenta

100_0234El ser humano tiene la costumbre de saldar las cuentas con su conciencia apropiándose de los malestares del otro. No hay nada más recurrente, ni más molesto que incrustarse en la realidad de uno que no eres tú para asegurarle que entiendes perfectamente sus problemas. Visto así, desde la alteridad, el conflicto se diluye con palabras vanas como “te comprendo”, “sé por lo que estás pasando” y palinodias semejantes que difícilmente sanan al que debiera compadecerse y más aún, abundan en su desazón. Lo identitario del dolor le lleva a uno a pensar que sólo mediante la purga de los pesares propios es posible la salvación o cuanto menos la superación del mal que le aqueja. Por eso lo injusto de quienes, arrogándose el derecho de acompañarte en el sentimiento -¡¿qué sentimiento!?, ¿acaso les has desarrollado en extenso todo el catálogo de sensaciones que te inundan como para que se sientan anegados por el sentir de otro?-.