La inclasificable transculturalidad de Herta Müller

Que nadie busque en Herta Müller la poesía de lo bucólico, ni una mirada complaciente sobre la realidad. Con ella el jurado del Nobel de Literatura premia a una narradora proscrita de los escaparates por su carácter minoritario y la incómoda denuncia siempre presente en su obra. Puede que también hayan querido conmemorar los veinte años sin Muro y dar alas a toda esa literatura de la represión bajo el terror, ahora que Alemania, superada la Schuldfrage, se siente con fuerzas democráticas para abordar la perspectiva de las otras víctimas de la Guerra Mundial, los alemanes. “Atemschaukel”, la última novela de Müller, es el primer texto literario de peso que enfrenta la deportación de rumano-alemanes y pone el foco sobre el polémico sufrimiento  de esta comunidad en Europa del Este.

Valentina Glajar hace ya unos quince años se dio de bruces con el trabajo de la premio Nobel de este año, Herta Müller, mientras estudiaba en la Universidad de Austin. “Lo primero que leí fue “El hombre es un gran faisán en el mundo”, que habían traducido como “Pasaporte”, y no pude dejarla hasta que acabé, porque me sentía totalmente identificada con lo que contaba. Estaba sorprendida, sobre todo, porque nunca había oído hablar de Müller antes, así que decidí que quería escribir sobre ella”. Antes de Glajar, la británica Brigid Haines había elaborado ya uno de los primeros estudios analíticos sobre la obra de Herta Müller, a principios de los ochenta. Pero no busquen su ensayo en castellano ni la de Rosana Nubert e Ileana Pintilie-Teleaga (“Mitteleuropäische Paradigmen in Südosteuropa. Ein Beitrag sur Kultur der Deutschen im Banat”); adentrarse en el universo Müller parece terreno exclusivo de germanistas. Aunque no sólo en España, porque ya en 1997 el “Monatshefte” se las vio y se las deseó para encontrar un experto en su obra y en la de Libuše Moníková, de la República checa, y al final el editor recurrió in extremis a Valentina Glajar, tras conocer una ponencia suya. Entonces, quizá también ahora, Müller es la desconocida ganadora del Nobel de este año y responsable de la que se ha llamado “‘Herta who ?-attitude”. No para Glajar que se ocupó en “El legado alemán en la Europa del Este” de las similaridades estilísticas en Hilsenrath, Rezzori, Pedretti y la propia Herta Müller, “cronistas de la presencia de la lengua alemana en estos países. Hilsenrath escribe sobre el holocausto en Rumanía, a menudo pasado por alto y las deportaciones a Transnitria, mientras que Rezzori rememora la Bukovina austríaca y su estatus colonial, Pedretti se centra en las expulsiones checas de alemanes al final de la II Guerra Mundial y Müller en la dictadura de Ceauşescu. Sus textos trascienden las fronteras nacionales culturales y propician una comprensión más rica de la literatura alemana”. Herta Müller es el exponente de ese verso que dice “El tiempo de la patria ya ha pasado”, la llegada a término de esa “Grosse Wanderschaft” que anunciaba en su poema Marie Luise Kaschnitz.

¿Escritora del etnocéntrico Banato?

En cuanto al conflicto de identidad en la autora de “Herztier”, Glajar considera que Müller conjuga diversas influencias en su trabajo, donde encontramos la metáfora de “the German frog” (una serie de reglas y tradiciones que definen la identidad del Banato suabo y aseguraron su preservación durante 200 años en el actual territorio rumano). “En “Niederungen”, por ejemplo, intenta distanciarse de esa “normalidad” impuesta dentro de esta comunidad. Lo rumano ha tenido una importante influencia en sus escritos y a menudo “der fremde Blick” incluye algunas expresiones o imágenes que podrían reescribirse en rumano. Sin embargo, Rumanía también es para ella el país que tuvo que dejar atrás, el de la dictadura comunista que ha dado forma a su vida y sus textos. En Alemania continúa escribiendo sobre temas rumanos y fue criticada por no intentar abordar la realidad del país de acogida. Sean incompatibles o conflictivas, las varias dimensiones de su identidad contribuyen al éxito de sus textos que reflejan una única conjunción del Banato suabo, lo rumano y la influencia alemana”, dice Glajar.  

Los expertos coinciden en la dificultad de traducir el mundo de Müller, dividido en dos lenguas y culturas. Su traductora al rumano, Nora Iuga, define su técnica como una mezcla de ejercicio estilístico y de emoción. En opinión de Glajar, “en cada uno de sus textos intenta darnos acceso a su mundo, porque ella es su propia traductora. Nosotros solamente podemos traducir sus textos que nos permiten penetrar en un fragmento de ese mundo”. Una vez cruzado el umbral, los escritos de Müller adquieren una mayor corporeidad y transparencia para quienes comparten ese contexto del que ella habla y según Glajar “tienen una resonancia aún mayor para los lectores que se pueden identificar con él. “Su estilo de ‘sich erfindende Wahrnehmung’, su ‘fremde Blick’, y sus collages minimalistas son un reto para cualquier traductor. Cuando André Lefevere y yo tradujimos “Reisende auf einem Bein” (“Traveling on One Leg”, Northwestern University Press, 1998) nos divertíamos con los que denominábamos “müllerismos”, un modo inusual y extraño de mirar a lo que es familiar y los reconocíamos en la vida diaria, porque de alguna manera estábamos empapados por la mirada con la que ella imaginaba y presentaba su mundo”.

A través de esa rendija por la que penetramos en una realidad asfixiante supura el sustrato rumano, ya que “ella ha crecido en los recuerdos de un folclore todavía muy poderoso, muy activo, sobre todo en la época en que vivió. Ahora, después de veinte años de cambio lo rural se ha urbanizado mucho, pero la raíz folclórica es importante y si algo la acerca a la literatura rumana es justamente eso”, matiza Eugenia Popeanga Chelaru, coordinadora del Master de Estudios Literarios la Universidad Complutense de Madrid que recientemente ha participado en un seminario sobre la literatura rumana organizado por la Universidad de Granada. En su opinión, los paisajes de agua, lodo, brutalidad y sexo en una naturaleza impenitente, “son referentes simbólicos, un mundo de humedad y nieblas que puede resultar incómodo y del que no hay que hacer una lectura directa, sino de doble o triple interpretación”. Valentina Glajar percibe paralelismos entre el estilo de Müller y los formalistas rusos “con ese Entfremdung, esa manera de ver las cosas familiares con otros ojos. Por eso se merece este premio, no sólo por su compromiso político, sino por sus cualidades artísticas”.

Huir de la dictadura

Müller destapa los silenciamientos de la dictadura comunista rumana -que se llevó por delante a dos de sus amigos, arrollados por las prácticas de la Securitate, uno suicidado y otro muerto en extrañas circunstancias y su decencia, acusada falsamente de prostituta y estraperlista-. Popeanga comprende bien esa necesidad de palabras oscuras. “Yo he nacido prácticamente en Timisoara, de donde es ella y conozco bien el ambiente. Hemos tenido que vivir una época de dictadura y de opresión brutal contra cualquier intento de apertura, incluso literaria. Muchos escritores tuvieron que optar por una literatura de tipo subterráneo, casi por ocultar cualquier mensaje directo a causa de la censura”, explica. Sin embargo, la contundencia de Müller está clara. “Nadie ha escrito sobre la dictadura de Ceauşescu de forma tan sólida; sus textos de ficción y sus ensayos hablan de aspectos específicos del contexto rumano, pero que pueden compartir similitudes con otros regímenes totalitarios como el albanés en Kadaré”, dice Glajar.

Tras la salida del país de Nicolás y Elena, los Ceauşescu, Müller se incorpora sin saberlo al final de un ciclo, el del regreso a Alemania de la población étnicamente alemana desde Rumanía “que empezó con colonizadores alemanes invitados por María Teresa para poblar la región de Banat y terminó con lo que muchos llamaron el éxodo de alemanes acaecido antes, pero especialmente después de 1989. Hoy en día quedan muy pocas personas étnicamente alemanas en Rumanía y la mayoría son gentes mayores que creen que comenzar de nuevo sería difícil para ellos. Muy pocos han vuelto en los últimos años y realmente han perdido el sentido de comunidad que tenían antes de emigrar. Sin embargo, cabe mencionar a Eginald Schlattner, un sacerdote transilvano sajón y autor de tres best-sellers que ha rechazado abandonar Rumanía, aunque sus parroquianos se hayan marchado”, cuenta la docente de Texas.

El Nobel tal vez le haga justicia artística a la novelista de Nitzkydorf… “Creo que con él se disipa el mito de que Müller escribe para una minoría o que forma parte de una literatura elitista, y promueve su trabajo a escala europea y mundial, puesto que pertenece a una literatura transnacional y transcultural. Eso hará que los estudiosos no puedan aproximarse a su obra desde una perspectiva estrictamente alemana, rumana o banato-suaba, sino que tengan que aventurarse en otros contextos lingüísticos, culturales e históricos -predice Glajar-. Pensar en Herta Müller como la autora de la afirmación de la vida en el Banato suabo significaría no permitirle dejar su aldea natal ni superar su niñez silenciada”. En los ochenta la discusión entre los germanistas se centraba en la literatura “Ausländer”, de los emigrados como ella o su ex marido, Richard Wagner, que escribían en alemán en Rumanía, y que “cuando llegaron a Alemania descubrieron que no los veían como alemanes, pues no estaba claro si los que escribían alemán en Transilvania o el Banat hacían literatura alemana”, según Glajar.

La actual desvinculación de la Nobel de las rúbricas nacionales, especialmente la rumana, obedece para la experta de la Universidad de Texas en que “Müller ve en la Rumanía actual una perpetuación de los problemas del totalitarismo. Mucha gente de la Securitate está todavía en el poder y creo que la última vez que visitó el país dijo que no quería regresar porque aún no se ha superado todo aquello”. De hecho su casa natal acoge sin más ahora al director de la escuela del pueblecito cercano a Timisoara. Las heridas de la traductora en Tehnometal, de la profesora de clases particulares de alemán, de la integrante del Aktionsgruppe Banat en el que coincidió con Richard Wagner o William Totok siguen restañándose. Müller se desquitó hace unos años con “Este sau nu este Ion”, un collage compuesto en rumano, lengua que dice no dominar para emplearlo como materia literaria, y que pasó sin pena ni gloria por las librerías de Rumanía. Queda ver cómo acogerán ahora a la ganadora del Nobel y lo que pensará ese “Voicu”, el informante quejoso de su hostilidad al Estado y su desesperanzada literatura como evidencian los documentos del Consejo Nacional  para el Estudio de los Archivos de la Securitate (CNSAS). Entretanto, la Universidad Complutense de Madrid prepara para noviembre, coincidiendo con los veinte años de la caída del Muro una mesa redonda en torno a su figura, pero sobre todo de las formas de exilio. “Creo que para el público español Herta Müller, bien presentada, puede ser al menos una lectura distinta, distintos, porque para un lector que conoce los subtextos, puede resultar gratificante, mientras que para el que no ha vivido de cerca los fenómenos de la Europa del Este las referencias no son tan evidentes y puede que necesite una presentación al público. Sería estupendo traerla, pero ya no sé con el premio Nobel qué caché tiene…”, bromea Popeanga.