La diversidad versus el oficialismo

Lang, Ródchenko, Ross y Julián Ortega nos llevan a otros mundos

Alicia González

Si en nuestras recomendaciones culturales les hemos incitado a que se asombraran con el constructivismo latinoamericano de Wilfredo Lam en la Fundación Carlos de Amberes esta vez tienen ocasión de conocer a los padres del invento en La Pedrera. Sí, porque la Fundación de Caixa Cataluña trae hasta el 5 de enero del año que viene a uno de los padres de eses arte de vanguardia ruso que se llenó de líneas rectas y aires de propaganda soviética para dar bríos a la nueva sociedad que se gestaba en la liberada tierra de los zares. Y si de personas con una alegría que se sobrepone a toda clase de penurias hablamos tenemos otra sugerencia cultural… ¿Hay todavía sonrisas en la India? Si quiere comprobarlo tiene hasta el próximo 14 de noviembre para visitar la exposición que la FNAC de Alicante y Casa Asia organizan sobre el viaje de Julián Ortega De Mumbai a Goa. Y después de una muestra llena de seres humanos quizá le intrigue conocer algo más sobre Fritz Lang. Esta vez no será la visión sobre la humanidad viciada del director alemán, sino un acercamiento a su tratamiento de los volúmenes en la Fundación Luis Seoane de A Coruña. Será hasta el próximo 16 de noviembre. Y más oportunidad para hacer el ojo al blanco y negro con esos Recuerdos enterrados del ghetto de Lodz en las fotografías de Henryk Ross, que podrá ver en la Sala Municipal de Exposiciones de San Benito de Valladolid, también hasta mediados de noviembre.

Fritz Lang no es sólo uno de los visionarios de la narratividad en el celuloide que alumbró títulos como M, el vampiro de Düsseldorf o El doctor Mabuse, sino un austríaco que cambió la forma de contar historias mediante imágenes de impacto visual, aún influenciadas por ese expresionismo tenebroso que todos asociamos al Nosferatu de Murnau. Ahora la Fundación Luis Seoane aborda una nueva perspectiva, porque todos los grandes creadores siempre nos reservan sorpresas, y es la de su concepción escultórica que podemos apreciar en instantáneas de sus rodajes donde el relato deja paso al lirismo. ¡Acuérdese de que fue Lang quien dio a luz a esa Eva de los tiempos modernos en esa nunca suficientemente reconocida obra de arte que es la Mensch Maschine del perverso doctor Rotwang en Metrópolis! La monumentalidad de la Viena de principios de siglo se funden con la irresistible atracción por el primitivismo africano, en una Alemania de vencidos dispuestos a tomar de nuevo las armas. Toda una lección de historia, deismo y belleza a través de colosales decorados de sus películas como las cabezas de los siete pecados capitales. Hasta el próximo 16 de noviembre en A Coruña.

Y dejamos a los obreros asaltando la gran ciudad para soltar el yugo del malvado opresor para marcharnos a la Rusia del primer entusiasta leninismo de la mano de Aleksandr Ródchenko. El constructivista, más tarde expurgado por los aparatchik, nos abruma con su creatividad en el edificio de la Obra Social de Caixa Cataluña de La Pedrera. Cerca de 250 piezas permiten al espectador analizar la versátil trayectoria de este diseñador gráfico y de interiores, artesano textil, escenógrafo y autor de fotomontajes, fotocollage o construcciones espaciales. Eso sin contar con su ideario del que extraemos un aviso para navegantes contra quienes vieron en él otro ejemplo palmario de las servidumbres ideológicas: “El arte está al servicio del pueblo. Pero al pueblo se le conduce hacia quién sabe dónde. Lo que yo quiero es llevar a la gente al arte, no llevarla a cualquier otra parte con la ayuda del arte. ¿He nacido demasiado pronto o demasiado tarde? Debemos separar el arte de la política…”. Del 14 de octubre al 5 de enero de 2009 en Barcelona, La construcción del futuro.

Y si tiene dudas de los efectos perniciosos de los totalitarismos los Recuerdos enterrados de Henryk Ross le sacarán del embrollo. Una exhibición que acoge la Sala Municipal de San Benito de Valladolid con una selección de 160 fotografías en el gueto de la ciudad de Lodz durante la Segunda Guerra Mundial que enseña el sufrimiento universal de los polacos, tan acostumbrados a las invasiones y por ende a sufrir. Son esa clase de escenas cotidianas, o al menos de sucesos que la anormalidad de la persecución y la guerra convierten en normales. Imágenes de la dignidad de hombres y mujeres, de niños que sobreviven al terror genocida y sin embargo sonríen. No se pierdan el testimonio gráfico de este muestrario de los más de 3.000 negativos que conserva el Archivo de los Conflictos Modernos de quien fuera fotógrafo oficial del gueto y que pudo salvarlos para dar fe de las ejecuciones, las deportaciones y ese dejar a la gente morir de hambre tan de moda entre los nazis. La exposición permanecerá abierta en la capital pucelana hasta el 16 de noviembre.

Y de la emoción contenida en la crudeza de los vapuleados a la felicidad que estalla entre los desfavorecidos. Una vez más se demuestra que la carencia de bienes materiales no significa desesperación como se plasma en las imágenes de un país lleno de personas sonrientes. Son las expresiones robadas por un proyecto amable, el de Julián Ortega, otro fotógrafo al que la FNAC de Alicante abre sus puertas hasta el próximo 14 de noviembre, surgido de las conversaciones entre el cámara y el escritor Sameer Rawall en torno al desconocimiento palmario de los occidentales sobre la realidad de Oriente. Ortega en este viaje que le arrastró durante un mes de Mumbai a Goa huye de golpearnos con ese halo de misticismo tan de la India o insultarnos con la pobreza de los más míseros de la tierra para ofrecernos las vidas de personajes que se encuentran y que encuentran en sus limitaciones espacio para la solidaridad. Quizá ése sea el mayor exotismo de esta exposición que la librería alicantina organiza en colaboración con Casa Asia, el de ver a los trabajadores de los astilleros que reeducan la chatarra o el de los orfanatos y los conflictos étnicos de los que se termina por concluir no una India, sino muchas.

  (Publicado en ACTIVA)

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