El hombre es un gran faisán en el mundo

 Herta MüllerRosas que asfixian la hierba, maizales como paredes negras y la lechuza posándose inexorable en el techo del moribundo, que puede ser la casa de cualquiera en esta sociedad abrasada por el sol, sin escapatoria. Los relatos de Müller componen una narración desesperanzada, marcada por el ambiente opresivo de una sociedad de ranas que croan, una comunidad disecada que rechaza la mínima disidencia libertario del peletero con esa talla obscena en el jardín de una tierra que de devora a sí misma como ese manzano.

La libertad se compra por sacos de harina y varias sacudidas, bien con el policía, bien con el cura, bien con ambos, porque ya no quedan jóvenes que vayan al entierro de la señora Kroner. Amalie echa atrás la memoria y vuelve a los años de los Halcones en una escuela paternalista que idolatra a los Ceaucescu en una ficticia unidad nacional, mientras los valacos prosperan, las autoridades rapiñan las gallinas y los huevos, alguno se percata de lo diferente que huelen las tumbas de rumanos y alemanes que no pastorean ovejas y la lluvia sigue dulce, porque son las lágrimas las que salan todo. Mujeres cubiertas con pañuelos, frente a la boca opulenta de Amalie a la que su madre y Windisch no quieren saber ya preparada para ese costoso pasaporte que les saque de la desolación del tiempo detenido. Demasiada violencia sin confesión, demasiados recuerdos amargos de hierba en la boca de Katia y el hombre como un faisán, perdedor y presa fácil en esa aldea inmisericorde.

Herta Müller. Siruela. Madrid. 2007. 120 páginas.

(Publicado en la Revista LEER)