Carta a un maltratador

Sabes que sé que lo que haces no está bien y no obstante, consiento que sigas haciéndolo. Quizá soy la culpable de lo que ocurre, de las marcas azuladas de mis ojos, de ocultar a las vecinas lo que pasa… Sí, puede que sea yo la que ha permitido llegar a este punto, dejándome golpear, pensando que te quería, pidiéndote otra oportunidad después de estar ingresada, suplicándote que no me dejes tirada con los niños. Porque yo sé lo que pasa y lo que significa esto… ¿sabes, lo dice la tele!, pero una siempre piensa que lo suyo no son palizas, que él está pasando un mal momento y que nunca antes lo había hecho. He intentado ser la mujer que necesitabas y que vieras lo agradecida que estaba porque me hubieras quitado de fregar escaleras, pero por lo de los niños no paso. A mis niños no les vuelves tú a tocar. porque te mato… ¿o es que piensas que a mi me gusta que las manos me huelan a lavavajillas todo el día y fregar de rodillas? Porque a ti lo de la casa no te va y he sido yo la que se levantaba cuando los críos se despertaban…, pero lo de quitarte el cinto no se va a repetir… Si les vuelves a cruzar la cara seré yo la que te mate a patadas. ¡Ves lo que has hecho conmigo! ¡Y yo te quería! Pero hasta tu madre se ha dado cuenta de lo bestia que eres. Ella que te defendía contra viento y marea, me vio los moratones y me dijo que si me vuelves a tocar, que me vaya a su casa. Pero… ¿adónde voy a ir yo, sin estudios, sin dinero, con tres hijos y asqueada como estoy de la vida? Tenías razón el otro día… no valgo para nada, por eso me pegas, ¿verdad? No sirvo más que para hacerte la comida y darte calorcito cuando llegas borracho, si no te da por calentarte e hincharme la cara. Pero lo de ayer…, ¡hazme lo que quieras, pero no toques a los chiquillos! Javi no entendía porqué le tiraste de la cama y Manuel se hizo pis… ¡él que te tiene por su héroe! Y que no me entere yo que a Blanca le has hecho algo, porque últimamente anda muy rara y no me mira y se encierra con las muñecas y les quita a todas los vestiditos y las regaña cuando no quieren…  ¿Qué queda del hombre con el que me casé? ¿Dónde está el padre de familia respetable que los demás ven? Yo no consigo verte más que zapatilla en mano y me veo gritándote que me sueltes, que me haces daño, mientras tú me golpeas contra la mesa de la cocina porque han caído espinas del pescado en la verdura, hasta que empiezo a sangrar y veo de reojo entre las lágrimas y el mareo a Javi que se asoma por la puerta y le digo que se vaya a dormir, pero no me hace caso y te chilla que no me pegues, que me vas a matar y le veo echar para atrás al verte la cara, que no veo, pero que me imagino por la reacción de terror del crío. Y yo no sé qué hacer porque si agarro la puerta y me voy, me quedo en la calle, pero no voy a permitir que tus hijos, ¡porque también son tuyos! tengan moraduras en las canillas de las piernas de cuando te pones ciego a dar patadas. Porque una cosa es que me vean llorar y otra es que vean cómo un día cojo el cuchillo grande del pollo y me quedo sola hasta que te enteres de lo que me estás haciendo…, así que no me vuelvas a llamar analfabeta, porque ya sé que tú me sacaste de casa de mi tía, pero eso no te da derecho a tratarme como a un perro judío, ni a decirme que no tengo donde caerme muerta, ni a tenerme esclava, que a mi no me importa hacerte todos los días la comida, pero no me levantes la mano otra vez, porque un día de estos me voy a olvidar de lo que vi en ti para casarme y dedicarte los mejores años de mi vida. Que ya sé que lo del camión es muy duro, pero me tienes a mi para contarme tus problemas y lavarte la ropa cuando vienes de viaje. Que a mi me gusta lo de traerte las zapatillas cuando llegas destrozado y que estamos para eso, para lo bueno y para lo malo… Y no te enfades conmigo, que nadie te va a querer como yo Paco.

Tu Mari

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