El sentimiento de culpa

Mujeres que ejercen de exmujeres casi a perpetuidad y en funciones, otras queriendo adaptarse al gremio de la prostitución antes de superar lo que entendía como sucia culpa, hombres convencidos de hacer pagar a la sociedad el dolor que otros les infligieron y otros esclavizados por relaciones de dominio y anulación. Laura Rojas-Marcos plantea todos los posibles parámetros que visten a la culpabilidad, aportando al lector las soluciones clínicas que Peter, María, Alberto, Susana y otros pacientes camuflados en una identidad ficticia recibieron en la consulta de la autora. La conciencia de haberse equivocado, del dolor que se provoca, del que no se sabe escapar y todas las variantes de manipulado-manipulador, ahogando las expectativas de victoria del sufridor de este chantaje. Porque están los tormentos que nacen por efecto de nuestras acciones erróneas, en contraposición al reforzamiento negativo que las estructuras sociales, culturales, educativas y familiares nos ceden en forma de remordimiento como funesta herencia por actuaciones irreprochables, algunas de ellas reconvertidas en aceptables tras la debida evolución. En ocasiones pareciera que la psicóloga repasara en voz alta los diagnósticos de esa legión de patologías, lo que facilita al lector entender el utilitarismo del sociópata, los únicos exentos de la culpa, la frustración incansable del que no se extenúa por no vivir el presente y pone a plazo fijo la ilusión bovariana de un futuro sin garantías. “El sentimiento de culpa” pone a disposición del lector su experiencia en la asistencia a las víctimas del experimento de supervivencia nacional que fue el 11-S, ejemplo máximo de las emociones contradictorias ante el choque con lo inasumible, la enfermedad incapacitante, la pérdida, regalándonos pautas de afrontamiento de lo que nos ha transformado en dolencia, objetos de derrotas insuperables. Y eso unido a las reflexiones de la coordinadora del programa “La vida es cambio”, con pasajes de observadora lúcida al modo de Víctor Klemperer, negándose a naufragar en el temor a la maldad del otro, advirtiendo eso sí contra las relaciones adictivas. Leyendo este manual será capaz de examinar si padece del síndrome de Wendy o si el vicio absurdo, aunque si se siente desbordado por las consecuencias de haber optado por una soltería compartida, o si la bola de plomo no tiene aspecto de ir a fundirse en breve, podrá contactar con la autora en su correo electrónico. Algo de masturbatorio –descuide, Laura asegura que esta afición no es ya pecaminosa- tiene este libro, por cuanto pondrá al lector ante el espejo de sus carencias y le abandonará con el placer de haber liberado tensiones, quizá calladas.

El sentimiento de culpa. Laura Rojas-Marcos. Aguilar. Madrid. 2009. 254 páginas.

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