Las claves del talento

Despegar con los ojos cerrados al ritmo de “La guerra de las galaxias”, sentarse en aulas sin pupitres, marcadas con cinta de carrocero quizá, o practicar sin pausa en lo que para otros son loberas, son algunas de las recetas de este canto a la mielina del estadounidense Dan Coyle. El autor viaja por lo que denomina semilleros del talento para exponer al lector las pautas del aprendizaje que enciende las conexiones neurales y las blinda de ese material que compara con la banda ancha del conocimiento. A mayor énfasis en la práctica que ya recomendara Aristóteles más se curte el aprendiz de cítara, pero todo ello sin teatralidad, ni violencias magistrales, concediendo el silencio y la observación como sendas invisibles de la enseñanza al alumno. Coyle no rehuye la sensación de fracaso, pero procura interpretar los factores que inciden en marcar las diferencias entre los golpes que propinan los muchachos de Curazao y los de Aruba y las decepciones que obtienen los que no siguen la estela de sus mayores.

El agrupamiento, la repetición, la práctica sentida y esa emoción que nos calienta de comparar nuestra derrota con el triunfo de otro igual encienden la luz roja del que, aparte de persistir en la habilidad se esfuerza viendo las progresiones de sus semejantes, sean las prolíficas hermanas Brönte o los brillantes artesanos renacentistas. Un libro que sepulta de una vez por todas la oligárquica creencia en la genialidad y nos incita a abrirnos la cabeza contra los bordillos de nuestras limitaciones como los patinadores de los Z-Boys.

Las claves del talento. Dan Coyle. Zenith. Barcelona. 2009. 235 páginas.