Un hombre que duerme

 Un hombre que duerme - Georges Perec

Perec es el estudioso de lo infraordinario, lo que impide asistir a la convocatoria de examen impostergable para llegar a titularse de sociólogo, mientras su mente se concentra en confeccionar atalayas de orden o inacción, habitadas por calcetines putrefactos en un barreño una secuencia tras otra. Prisionero de sus itinerarios por París y de los sonidos íntimos de su cuarto este hombre que duerme, lo hace despierto; lo vemos en sus recorridos ausente, aunque la reseña de todo lo que describa coincida con lo que podría ser un paisaje humano.

Un viaje de ansiedad que no evita la narración de cada respiración, de las visiones desde esa tabla en la que navega, vigilia de barco presuponemos varado, pese al constante devenir del movimiento que relata. La circulación de este personaje en acción durmiente se ejecuta en la introspección que aguza los sentidos como lo harán luego las figuras de Jeunet y Caro. Pero a este sujeto le falta la delicatessen del que actúa en primera persona, pues al lector le parecerá hombre deshabitado o habitado en demasía de si mismo, dificultado en el ejercicio de fronteras, espacios y situaciones que no interioriza ya como propias, sino parte de ese desgobierno del flaneur que ha hecho de su cuerpo boulevard. Un hombre que se acepta en la desidia y escapa de la grandiosidad de los proyectos ajenos, de los rompecabezas de palabras que el autor pudo calibrar con los oulipoetas, pero que a este hombre que duerme lo desvelan de su morir de la acción para dimensionar la realidad de su vacío.

Un hombre que duerme. Georges Perec. Impedimenta. 131 páginas.