Spamalot

Batallas de carcajadas a ritmo de comedia medieval

¿Qué haría usted todo vestido de cota de malla si le amputaran ambos brazos? Retirarse, ¿verdad? Pues aquí, no. Tenga en cuenta que estamos en el universo de los Monty Python y que cualquier suceso que se le pase por el magín, por descabellado que parezca puede ocurrir, y al ritmo de una alegre tonadilla además.
Caballeros de rubia melena ondeando al viento, combates en los que uno puede defenderse a patadas, relatos de aventuras con acompañamiento de toda suerte de onomatopeyas… Equívocos, irreverencias, starlettes como salidas de un espectáculo de Las Vegas que acompañan a una peculiar Dama del Lago y la comicidad de los Tricicle que cumple 30 años juntos en la dirección de escena.
¡Espérese que no le pase por encima de la cabeza una de las vacas voladoras de esta hilarante comedia en la que nada es lo que aparenta! Claro que en este Spamalot está el rey Arturo (Jordi Bosch), jaleado por las cheer-leaders y que sus servidores Fernando Gil (Sir Lancelot), Ignacio Vidal (Sir Galahad), Víctor Ullate Roche (Sir Robin) y Julián Fontalvo (Patsy) están enjugazados con la búsqueda del Grial, pero más que hazañas lo suyo son las añagazas a ritmo de comedia musical. Triquiñuelas, bromas y sorpresas que hacen pulular por el escenario a consejos salvajes y mucha diversión con la que el público acabará silbando aquella cancioncilla de John Du Prez, el “Busca el lado bueno de vivir”. ♫♪ ♫♪♪ ♫♪
Para los que se pongan un poco mustios pensando que la obra desvirtúa la heroicidad de los libros de caballerías, nada más lejos de la intención del grupo británico creador de “La vida de Brian”, porque si se sientan a repasar “El caballero de la carreta” o cualquiera de los volúmenes que narraban las andanzas de amadises y palmerines, descubrirán una sutil ironía y humoradas pensadas para entretener a aquel lector de oído.
Pero volvamos a la tabla, redonda, por supuesto, si tiene previsto pasarse por Madrid, tenga en cuenta que tiene hasta el próximo 28 de febrero para sacar las entradas en el Lope de Vega y salir con el espíritu un poco más guerrero, unas cuantas arrugas nuevas, pero una sonrisa de oreja a oreja. Recuerde, bosques encantados,chicas encantadoras, castillos plagados de franceses y escenas de amor con todos los ingredientes del empalago y la verdad de la vida que el enamoriscamiento no nos deja ver. Para que abran boca, ahí va una escena de Spamalot.

(Publicado en ACTIVA)

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