Entrevista a Ignacio Bosque, ponente de la nueva gramática española

Manual de autoayuda, gramática para conocerse

Albaceteño y alicantino de adopción, este alumno de Lázaro Carreter que estudió Lingüística en EEUU, quiere regresar ya a su cátedra de la Complutense que abandonó por entregarse al monacato de la RAE que le ha supuesto ser ponente de la primera gramática panhispánica de la lengua española. Cuando comenzó esta magna obra, unas 4.000 páginas que ocupan dos gruesos tomos, su hija tenía diez años; once años más tarde su padre ha concluido lo que define como “un viaje apasionante fuera de mi cátedra en el que he aprendido mucho”.

 Estos cinco kilos de saber le han tenido encerrado once años…

Sí, y lo he pasado muy bien. La última edición de la Gramática es de 1931, y por la guerra civil y la posguerra no se pudo renovar antes; la academia no tenía recursos económicos y los pocos que tenía los dedicó al diccionario. Yo creo que hizo lo correcto. Después, en los años 60 la academia nombró a dos ponentes, Salvador Fernández Ramírez y Gili Gaya, que  escribieron un anticipo de la versión definitiva. Había muchas dificultades, sobre todo por el desconocimiento del español de América, y también porque no se trabajaba con bases de datos, sino con fichas que se iban almacenando. Esta gramática ha sido posible gracias, entre otras cosas, a las nuevas tecnologías.

¿Las primeras dificultades vinieron de la coordinación?

Cuando se maneja tanta información es importante tener una pauta de trabajo. Nos costó un poco al principio, porque no es fácil coordinar el trabajo de 22 academias. Yo hacía el primer borrador de cada capítulo, que se mandaba a una comisión de expertos; cada uno hacía un informe y yo los leía todos para mejorar mi primer borrador. Esa segunda versión se mandaba a todas las academias, y cada una realizaba a su vez un informe, del que procurábamos incorporar todo lo que se pudiera. Lo que planteaba dudas se llevaba a la Comisión Interacadémica, que tuvo ocho reuniones (cada una de una semana) a lo largo de estos años. Como es obvio, no se puede hacer todo por correo electrónico; hay que sentarse y hablar. Esas reuniones, a veces agotadoras, en las que había que consensuar el texto, resultaron muy productivas. Fue un trabajo de verdadera colaboración, y también de camaradería.

Ustedes anticiparon la Alianza de Civilizaciones idiomática…

(Se ríe abiertamente). Bueno, no sé si lo llamaría así…

Es la primera gramática de la globalización…

Las anteriores gramáticas académicas se centraban en el español de España y hacían alguna referencia ocasional al de América. En este proyecto decidimos cambiar la forma de trabajar: primero describimos lo que compartimos, que es mucho, y después nos ocupamos de las diferencias. Por ejemplo, en España decimos “película o cine de suspense”; mientras que en América se dice “de suspenso”. Por eso usamos en el texto expresiones como “cine de suspenso (en España, de suspense)”. Si un español lee esto, se da cuenta inmediatamente de que lo que para él es común no es necesariamente lo mayoritario.

Hay quien no se siente identificado con ese espíritu cohesionador…

La gramática da cabida a los usos americanos porque el español de España representa el 10% del español hablado en el mundo. Me parece una buena razón.

Es una gramática de la humildad para nuestro país en cierto modo…

Hay que reconocer que era incorrecto lo que se hacía hasta ahora, me refiero a hacer solo alguna referencia ocasional al español americano, es decir, al español hablado por el 90% de los hispanohablantes. Y lo curioso es que aun siendo el 10%, la mayor parte de las construcciones son comunes. Está bien saber que una construcción que empleamos es compartida por 400 millones de hablantes o que pertenece, por el contrario, a nuestro pueblo o a nuestra comunidad particular. Me parece una información muy enriquecedora.

Incluso hay construcciones americanas más genuinas, que aquí hemos perdido…

Aquí decimos “Esta construcción es un arcaísmo, ya no se usa”, mientras que ellos dicen a veces “No es un arcaísmo porque nosotros la usamos; si ustedes la perdieron es su problema” (vuelve a sonreír). Creo que tienen razón. En América son actuales construcciones que nosotros hemos perdido y que pueden estar en el Quijote.

Es más sencillo hacerse entender usando un registro culto…

Es verdad. Analizamos en la obra diferencias de registro, porque un registro puede ser adecuado para una conversación formal y no para una reunión entre amigos. Procuramos estar atentos también a la lengua coloquial, en la que hay más variación. Nuestra obligación era intentar abarcar todas las formas de variación: la histórica, la geográfica y la sociolingüística, en la medida de lo posible.

Con profusión de citas…

Sí. Más de 20.000 textuales, otras 20.000 inventadas, y muchos ejemplos de prensa. El de la prensa es un lenguaje vivo, muy actual. De hecho, España está representada en un 30% y América en un 70% en lo relativo a la prensa.

Si quisiera mejorar mi forma de expresión, ¿en qué me ayuda esta gramática, porque Víctor García de la Concha decía que no sirve para llevársela en el Metro?

El objetivo último es conocer mejor el idioma, y por tanto a nosotros mismos. Creo que la obra ayuda a conocer mejor el español que hablamos y compartimos. Hemos procurado analizar las construcciones con mucho detalle, los matices que las palabras esconden y la forma en que se combinan.

¿Le han hecho otra encomienda ya de este calibre?

No, creo que no me voy a dejar (ríe abiertamente). Tengo que volver a la cátedra, pero el proyecto valía la pena, sin duda alguna. El curso próximo vuelvo a la Complutense, y espero además sacar tiempo para leer literatura atendiendo al contenido de las novelas, en lugar de a la forma de las construcciones sintácticas.

Incluso le ha sido difícil escuchar música clásica en este tiempo…

Y leer… Me da vergüenza decirlo, pero no he leído más que dos o tres novelas en estos años porque no tenía tiempo. Ahora que voy a tener unos meses semisabáticos, quiero volver a leer literatura. Alguno de mis compañeros académicos, amigos todos (Luis Mateo-Díez, Antonio Muñoz-Molina, Álvaro Pombo, Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías) me regalan novelas que he ido amontonando y que ahora podré leer. No he podido hacerlo hasta ahora porque había que terminar la gramática.

Las previsiones eran salir en 2006…

Calculamos mal, sobre todo porque esta es una gramática con base textual. Necesitábamos muchos ejemplos de textos. Incluso, después de estar aprobado el texto básico en Medellín, nos dimos cuenta de que algunos países no estaban suficientemente representados. Corregir esta deficiencia supuso un trabajo tremendo. Manejar tanta información, tantos autores de tantos países, cuidar las proporciones y coordinar todo debidamente nos ha dado no pocos quebraderos de cabeza. Y eso que las academias se han portado de maravilla enviando informes y materiales. Ha sido un proyecto verdaderamente colectivo, una especie de parto de gemelos de muy larga gestación (se ríe)…

¿Les ha salido una gramática niña o niño, más o menos sexista?

En el capítulo del género se registran cuidadosamente las variantes femeninas. No creo que nadie vaya a encontrar machismo o sexismo en esta obra, y tampoco se va a decir —me parece— que es poco igualitaria. Creo honradamente que es una gramática de este tiempo.

Como padre de la criatura ¿ha encontrado algún desliz?

Yo soy sólo el coordinador de una obra colectiva. No sé si habrá deslices, pero hay descripciones breves que se podrían ampliar. Desde luego, no podíamos salir con tres volúmenes de morfología y sintaxis. Pero lo cierto es que la  lengua no cabe en 4.000 páginas; el director no me cree (bromea) pero esta es una gramática resumida. La riqueza del idioma es tan extraordinaria que uno siempre se queda corto cuando intenta hacerle justicia. Por eso éste es un esfuerzo de síntesis.

Un éxito de ventas de no-ficción, aunque a veces nadie lo diría…

(Se sonríe). Bueno, ficción no es, porque es la lengua real. Esto no es literatura. La gramática tiene algunas páginas complejas, pero se lee bastante bien. No está dirigida solo a los lingüistas.

Desde luego es más amable que el Diccionario panhispánico de dudas, la madrastra gruñona que reconvenía sobre los usos correctos…

El tono de la gramática es algo más abierto, más descriptivo. No decimos “debe decirse de esta manera”, pero recomendamos usar o no usar ciertas expresiones. Si uno dice que una construcción está desprestigiada, o que no ha pasado a la lengua culta, está haciendo descripción y dando a la vez una norma, puesto que da a entender que no debe emplearse.

Usted ha comentado que son los hablantes los que mandan sobre la lengua. ¿En el futuro la gramática será cada vez más descriptiva y menos un corsé de normas?

Las normas no se imponen. Son el resultado de percibir los matices relativos a la propiedad y al prestigio de las construcciones. Los hablantes se suelen dar cuenta de que una construcción puede ser inapropiada para determinado registro. Un periodista no podría decir “pienso de que…” o “me se ocurre que…” porque estos usos están desprestigiados. No obstante, el prestigio de una construcción puede cambiar; en algunos países de América el dequeísmo se va extendiendo a los registros formales.

Porque la academia está cada vez más abierta al público…

En el acto de presentación Delibes decía con razón que la lengua la hace el pueblo. Las normas que las academias dictan son el resultado de esa percepción de la realidad, en la que pueden equivocarse, por supuesto. Los académicos estaban de acuerdo en que esta gramática no debía constituir solo un catálogo de usos, sino también una reflexión sobre el idioma, un análisis atento a los matices. Por eso vamos a hacer varias versiones. Es necesario pensar en los intereses que puedan tener los destinatarios en relación con la lengua.

Pero no se va a ocupar usted personalmente de ellas…

Tengo que hacer la revisión de esas versiones, pero no las redactaré yo personalmente. Hemos contratado a dos catedráticos, una profesora argentina y un profesor español, que están trabajando ya muy intensamente para hacer una primera versión abreviada del texto. El director y yo haremos la revisión técnica del resultado. Si hiciera yo el resumen, me saldría mucho más extensa (bromea), pero lo lógico es que no sobrepasemos las 800 páginas. Luego publicaremos una versión de 250 páginas, solo con las ideas esenciales. Para algunas personas la versión extensa contiene demasiada información, pero para otros puede no ser excesiva. Incluso habrá quien disfrute leyendo capítulos como quien lee un ensayo.

El presidente de la Academia venezolana definía esta gramática como un arma para la defensa del idioma…

Un arma es siempre algo dirigido contra alguien. Yo no usaría esa imagen. Es más bien un retrato, un intento de retratarnos a los que hablamos español, que somos muchos.

Resuelta la coordinación, ¿la siguiente pelea fue la edición?

La gramática académica siempre se ha hecho tradicionalmente con Espasa, que aportó —como siempre— excelentes profesionales de la edición. La obra está muy cuidada, en la presentación, el tipo de letra (Mercury para el texto principal y Akkurat para las referencias numéricas), la encuadernación, etc. A mí me parece que 120 euros es un precio elevado, pero también es cierto la gramática de Cambridge, la más difundida hoy en inglés, tiene 2.000 páginas, la mitad que la nuestra, y cuesta también 120 euros.

¿Y el tono es de estricta asepsia?

Procura ser objetivo, pero para serlo hay que matizar mucho a veces. La información geográfica en algunos puntos aún se podría precisar más. En sucesivas reimpresiones modificaremos lo que nos demuestren que puede mejorarse. El tono general del texto es profesional, como es lógico, y hemos procurado también unificar el estilo expositivo. Abra por la página que abra, va a encontrar el mismo tipo de discurso. Tuvimos una doble corrección estilística: una correctora de estilo española y otra mexicana. No queríamos que hubiera giros españoles que a lo mejor no son conocidos en América. Alguno puede haber quedado, pero serán muy escasos. No estarían bien en una obra panhispánica, ya que nuestro objetivo es que la pueda usar igualmente un panameño, un chileno o un español; por eso está escrita para todos en un español de todos.