Nubes de un cielo que no cambia

En la Casa de América de Madrid hasta el 21 de febrero de 2010

Viendo que García Márquez, que ya nos hizo descubrir Colombia con sus ojos de realismo mágico, le quedaba un poco a trasmano -¡es broma!- y que el poeta Dufay Bustamante se prestaba cordialmente a la aventura, el fotógrafo Ricky Dávila se aprestó vagar durante dos años por ese país de violenta belleza para ofrecer a los espectadores esta cincuentena de imágenes. La exposición que permanecerá abierta en la Casa de América de Madrid hasta el próximo 21 de febrero de 2010 es más que una muestra al uso, porque en ella se amalgaman dos artes: la sabia elección del retratista de ciudades y la concisión del verso. ¡Qué otra cosa se podría esperar de un biólogo metido a fotoperiodista y de un escritor reformado en cicerone por dos años!
A través de las instantáneas de gran formato y con el único amparo del blanco y negro al que recurre el cámara bilbaíno nos distanciamos de la Bogotá colorista y palpitante y entramos en un mundo de sombras
mucho más exótico si cabe donde los hombres se abrazan a los árboles para capturar toda su energía o bajamos impúdicos la cremallera de esa Gioconda para verle los pechos que asoman por la cazadora de cuero.
Y del descaro artístico a la impudicia cotidiana ejemplificada en ese ejecutivo del maletín y las prisas. Licencias introspectivas, cargadas de visiones que se completan con la percepción de Bustamante, más brillos refractados que espejos, desde la brevedad de una metáfora que sorprendió al propio Ricky Dávila, tal vez más inclinado a primera intentona a una interpretación descarnada y bukowskiana de los paisajes. Cierto es que las calles desiertas de madrugada nos abocan a esos escenarios familiares del
alcohol y lo lumpen; por eso la palabra justa de Dufay nos ayuda a bailar la realidad sin perder intensidad en el paso.

(Publicado en ACTIVA)

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