Una novelita lumpen

Fascismo o barbarie…, es el grito que escucha Bianca en su alucinado tránsito por las calles de Roma, ¡como si fuera un oxímoron! Si en todo lo que le sucede a esta muchacha mediara el dinero, en lugar de estar hablando de “Una novelita lumpen” tal vez ésta fuera la novela de iniciación a la vida adulta de una joven de familia adinerada. Porque no le falta de nada: su primera experiencia laboral, los encamamientos sonámbulos con el boloñés y el libanés, cada uno con su modo de administrar los silencios y ese hermano irresponsable que, se inicia en la madurez pululando por dudosos gimnasios y videoclubes en los que encuentra el primer ídolo cinematográfico del libro, Tonya Waters.
El otro, igual de ficticio, es Giovanni Dellacroce o Franco Bruno, más conocido como Maciste, metáfora de esa riqueza ciega, de músculo potente, pero venida a menos, promesa de una vida distinta, ya que no mejor para los dos huérfanos. Ella recorre esa casa laberíntica, húmeda de linimento y seca de otro deseo que no sea el engaño, el propio y el del fornido actor de peplum, pensionista ahora de misteriosos 150 euros en la mansión que da cobijo al santo de los olvidados, San Pietrino de las Seychelles. La ciudad es refugio de halcones irreales en esta historia que la protagonista, temerosa de ser una puta que no estafadora, asegura borrosa incluso para ella, pájaro de la tormenta de los que canta Luciano Marchetti como su hermano, en ese hueco de sombra que para Bolaño es Europa. ¡Lástima no poder ya preguntarle!

Una novelita lumpen. Roberto Bolaño. Anagrama. 151 páginas.