El erizo

Basada en uno de los libros más vendidos, “La elegancia del erizo”
Los secretos de un bloque de vecinos

Reconozcamos que a todos nos encantan los cuentos de hadas, por eso fuimos al cine a ver la cinta neozelandesa “El peso de la leche” y no cabe duda de que “El erizo” es eso, una historia con ¿final feliz? donde la pícara Paloma, una chiquilla de once años mete en líos al vecindario. Es lo malo que tiene la adolescencia, esa edad de los descubrimientos, a veces de la intimidad de los otros, sobre todo si vas armada con una cámara de súper8 y te crees predestinada a resolverle la vida a los demás.
Quizá sean esas gafas de marisabidilla repelente con las que la protagonista toma distancia y nos pone los pelos de punta al comienzo de la película cuando pensamos “¡vaya por Dios, otra película con niño!” y luego nos hace ver con ojos tiernos. O quizá sea la peripecia de esa portera, Renée Michel, a la que da vida Josiane Balasko, verdadera cenicienta huraña de esta historia a la que se gana el nuevo propietario del edificio, Kakuro Ozu, interpretado por Togo Igawa, con su enigmática filosofía de la disimilitud de las desgracias.
Entre las razones para pedir en taquilla entradas para ésta y no otra película de la cartelera están una estupenda fotografía de las calles parisinas, las tiernas manualidades con que se entretiene la pequeña, figuras que recrean los personajes de su entorno aprovechando la persistencia de la visión para inventarse un rudimentario cine en su cuaderno de dibujo. Y la  estupefacción de los padres de Paloma, permisivos representantes de la modernidad familiar que aceptan sin inmutarse las amenazas de su hija de hacerse portera cuando sea mayor o esa inconmensurable biblioteca llena de sobados volúmenes que oculta alguna de las casas de la vecindad.
Porque no se crean que les vamos a revelar todos los misterios de este patio que muchos conocerán ya si cayeron en las garras de la autora del libro, Muriel Barbery, en que se basa Mona Achache para dejar al espectador con una amable reflexión sobre las corazas identitarias que nos permiten seguir sobreviviendo y de los prejuicios, a veces amparados por estereotipos: portera=analfabeta, extranjero=pobre, niña=simple…

Los pudientes padres de Paloma ni se inmutan cuando su hija lesrevele su deseo de ser portera

(Publicado en ACTIVA)

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