El camino del alma

 ¿Qué hace un señor licenciado en ICADE  durmiendo en la Casa de los Maestros? ¿Son Kiko y Miguel Ángel un comando militar espía como creen los sirios o unos indefensos peregrinos sobreviviendo camino de Jerusalén? Acaso los combonianos tienen más trazas de aventureros que ellos, aunque para el archiprestre su desaliño baste para cerrarles la puerta.

El rapsoda y el que a la altura de Komolac no puede ya con los doce kilómetros que faltan intentan dar esquinazo a los mosquitos cada noche. Llevan ya cinco meses y en este viaje van a descubrir que la desesperación también en la guerra tiene forma de vela, presagio del inminente suicidio colectivo. Siempre hay paja de ajos y algún baltumano que socorre al viajero, sea un australiano que no encuentra la paz en Sydney o el propio Miguel, agasajado por Hakan con la generosidad extrema del padre, ésa que sólo la experiencia de la voluntad y el esfuerzo obtienen como recompensa. Pero también marchas bajo la lluvia impenitente y momentos de hartazón en que todas las respuestas parecen calcos.

Más 6.000 kilómetros de una Nada llena, de entumecimientos, de ciudades como ratoneras de las que es imposible salir e incluso de la vivencia de no existir que prescriben algunas fronteras donde el hambre es la única comedia permitida.  Todo eso y la música que hizo camino por España, Francia, Italia, Eslovenia y un largo etcétera de milagros en cada jornada con introspección de ese hombre “moderno” que se reconoce atenazado por el Miedo.

El camino del Alma. Miguel Ángel Gimeno. Cadsa. Barcelona. 2009. 695 páginas.

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