Tesoro espiritual

 Un Cristo revolucionario ofrece la desgracia al género humano, verdades desagradables que deben callarse, navegantes por regiones del alma, la esclavitud percibida en aquel que nos entiende y bellezas libertadoras son las breves intuiciones del escritor maronita libanés. La prosa de Khalil Gibran tiene algo del animismo sintoísta que explica la lucha de las fuerzas de la  naturaleza como ansia de orden y la sentenciosidad de los versículos bíblicos con los que entroncan la severidad de algunos juicios, como aquel que asegura que liberado de los grilletes, el hombre se carga de otros más onerosos, los de la propia libertad. 

La recopilación de Suheil Bushrui, traducida por Mariano Antolín Rato, organiza este “Tesoro espiritual” en torno a las materias de los juicios emitidos por el poeta: sobre la razón y la pasión, sobre el hablar, sobre ecología, naturaleza y medioambiente, en un esfuerzo por entresacar de sus diferentes libros, “El profeta”, “La voz del maestro”, “Arena y espuma”, “Lágrimas y sonrisas” o “Los secretos del corazón”, entre otros, su concepción filosófica de la alegría y la desdicha, de la infinitud, pero también bajando a la sencillez de máximas que nos traen a la memoria los quiebros lingüístico-mentales de Ramón, al afirmar por ejemplo que “una exageración es una verdad que ha perdido la compostura”. Gibran comparte el relativismo de sus descubrimientos desde la certeza de que antes de seguir receptivo a esos destellos ha de cuestionar a su mayor enemigo, él mismo.

Tesoro espiritual. Khalil Gibran. Alianza editorial. Madrid. 2009. 236 páginas.

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