Demasiados héroes

RestrepoSon demasiados héroes, porque en el juego familiar la opción restante era la de ser payaso y Ramón Iribarren no coincide en el imaginario colectivo con el guasón. Principalmente porque en su biografía se cruza Forcás, el alter ego clandestino que la dictadura de Videla le obligó a adoptar cuando Aurelia, identidad de Lorenza se enamora de él cargada con cuatro cajas de raviolis un lunes en Las Violetas, circunstancia que hará difícil ese posible minuto. Mateo, el hijo de Lolé y Ramón, no aguanta las explicaciones interminables de su madre sobre la reluciente armadura con que parece querer disfrazar el oscuro episodio, su rapto. Y en un país de desaparecidos, el adolescente quiere barrer todo el polvo de la figura ficticia que le han dibujado para descubrir los motivos que llevan a un argentino militante de la libertad a quitársela a su kiddo. Como no podía ser de otra manera, la psiquiatría pondrá la llave de la puerta a la liberación en la mano del doctor Haddad, con sus muebles funcionalistas en los que Lorenza puede confiar. Buenos Aires le huele a moho y la trae recuerdos de las conspiraciones entre telenovela y telenovela con Criollita, Sonrisa, Rumba y Tentación, las chicas de la fábrica de galletas, aunque a Mateo poco le importe nada que no sea ponerle cara al desconocido de Coronda y encerrarse con su PlayStation. La hija del Negro Robles enseñará a Mateo a no perderse en el intrincado camino de vuelta a su padre, sin la ayuda de Lorenza y su cretinismo geográfico, por mucho que le duela a la mujer que no duó en hacerse con un Revlon asesino para esa cita en la casa de Hansel y Gretel.

Demasiado héroes. Laura Restrepo. Alfaguara. Madrid. 2009. 260 páginas.