Entrevista a Clara Sánchez

Clara nos atiende con la luz encendida, a la puesta de un sol madrileño que se resiste. A lo largo de toda la novela precisamente mantiene la luz de la costa de Levante, con momentos de cierta oscuridad, pero en un libro que a la autora le ha salido luminoso, tanto es así que la ha hecho merecedora del Premio Nadal.

Completamente de acuerdo contigo…, porque además, es curioso que lo he situado en un sitio como Levante en el que yo he vivido y con esa luz que, además tiene mucho que ver conmigo, porque mi infancia la pasé en Valencia y luego de mayor pasé siete años en Denia, Alicante, que es el pueblo transformado en la novela, lo que pasa es que lo he llamado Dianium. Conozco mucho esa luz fuerte de la playa, del mar, que a veces, lo tiñe todo un poco de irrealidad. En la novela es paradójico que en un lugar con tanta luz, haya unas personas como son estos nazis allí escondidos que parece que se han vuelto invisibles, porque nadie había reparado en ellos.

Son desde luego personajes en la sombra y por contraste Sandra, la protagonista, es la que irradia más luz…

No había casi reparado en ello, pero es verdad. Todos los personajes, excepto algunos que rodean a los ancianos como Alberto, estos cachorros de nazis, están en un estado ya crepuscular, en un rendir cuentas ya al final de sus vidas. La que desprende esa luz, la más vital, y la que no entiende nada es precisamente Sandra que es la más joven y además lleva una vida dentro.

Como una luz reforzada…

Así lo sentía yo cuando lo escribía, como que Sandra era presente y era el futuro y los demás son el pasado y el presente. Además, son personajes que parten como de un aletargamiento. Cuando se inicia la novela cada uno está aletargado en su vida; los nazis porque nadie está reparando en ellos ni se encuentran en peligro, Julián porque está viviendo ya esas postrimerías de la vida…

La luz que se apaga…

Y Sandra que se encuentra en un momento de desorientación en el que necesita reflexionar, que no tiene interés por nada y se pasaría el día en una cierta indolencia. Y de pronto, las circunstancias se combinan de tal manera que tienen que ponerse en acción, esté ella embarazada, sean los demás mayores o como sea se ponen en acción y no pueden parar, porque unos son perseguidos, otros persiguen, pero al mismo tiempo también se encuentran en peligro. Y de pronto todos corren una aventura y es como si estas personas en este aletargamiento, sobre todo Sandra, que está como en el limbo cuando empieza la película, en el fondo la vida les dice lo que necesitan para reaccionar. 

Es curioso que hables en términos fílmicos, quizá de ahí la importancia de la luz en personajes como el de Alice, enfundada en terciopelo negro, una especie de Norma Desmond decadente, mientras que Julián va a retomar la misión de un tizón que se apaga como es Salva…

Exactamente. Alice es la decadencia que representan todos ellos; son personas que han perdido su mundo. Perdieron la guerra y están como de prestado en este mundo nuestro, en la democracia y en el presente, porque fueron personas que aquel universo que quería y aquellas razas de superhombres se les fue al garete y lo que están haciendo es seguir viviendo de sus sueños, de sus aspiraciones o todavía creyéndose superiores a los demás en una decadencia sórdida. Así es como yo los veía y se representaban muy bien en Alice que podría tener un aire de actriz antigua, pero al mismo tiempo un poco hortera.

Es el espejo deformado en el que los demás se miran…

Es como si los estuvieras viendo en una película, porque además mucha gente, sobre todo, los jóvenes cuando se habla de los nazis lo ven como un tiempo lejano, un tiempo de documentales, cuando en realidad todo eso ocurrió después de nuestra guerra civil. Teóricamente es algo muy distante, aunque cronológicamente está muy cercano, porque todavía viven víctimas y verdugos.

Has hablado de “Otra vuelta de tuerca” como una de tus influencias…

Lo emparento porque quizá son influencias literarias de ese suspense o esa intriga psicológica que a mí me gusta mucho y creo que es muy humana.

Pero también referencias fílmicas, porque ese Ángel Negro podría ser Erich von Stroheim, casi más peligroso que Fredrik, ese Frankenstein ya vencido o Karin, que podría ser el ama de llaves de Rebeca…

Podría ser (asiente sonriendo). Al fin y al cabo cada uno hace una lectura. Dentro de mí, cuando escribo, hay un revoltijo de vida, de literatura, de cine y todo eso sale a flote cuando tienes que expresar unos personajes y los identificas con todo eso que tú tienes dentro. Y en este caso es así. El Ángel Negro que está basado en un personaje real era un nazi que también vivió en Denia y que según la gente que lo conoció dicen que era tremendamente amable, educado, que cuando, por ejemplo, se iba de paseo se llevaba a los niños del barrio en el coche, un ser encantador. Era un jerarca, un gran empresario. En la novela, el nombre aparece un poco deformado pero en realidad fue un elemento tremendo porque fomentó y favoreció un régimen horroroso. A mí esa doblez de los seres humanos que en estas personas llegó al extremo, con seres encantadores que luego cometen crímenes horribles en aras de un ser superior o una idea fantástica me sobrecoge.

Aparte de documentarte con material hemerográfico y libros recurriste a testimonios directos e incluso tú misma habías conocido a nazis en tus estancias en la costa…

Sí, porque toda la gente que vivía allí participó de esta experiencia; vi algunos y había más, lo que pasa es que no accedías al mundo de todos, pero sí que había algunos que eran muy públicos. En el reportaje que salió en La Razón aparecían algunos y están enterrados en el cementerio y había otro que era un constructor y entonces los apartamentos se llamaban como él, así que no es que estuviesen escondidos bajo las piedras.

Es un toque de atención a la pasividad española en la caza de nazis en estas idílicas ciudades de vacaciones donde pasan desapercibidos para la justicia… En “Presentimientos” también reflejabas estos ambientes de bungalow, pero sin esa placidez…

Muestro la inquietud que puede ocultar la luz, porque siempre que hay luz, también hay sombra. Lo llamativo de esta situación que para mí arranca desde que viví allí, cuando yo era muy joven y tienes tantas cosas que hacer y ves que a nadie le importa. Te llama la atención y te choca, pero tampoco vas a ir a la comisaría porque parecía una cosa completamente aceptada.

Eras casi la oponente de Sandra en ese aspecto, porque ella es una chica de la generación Ni-ni, tan descentrada sin compromiso con la vida o consigo misma e hiperestimulada…

Claro, vivimos en una sociedad en la que los jóvenes tienen muchos estímulos pero pocas oportunidades. Ella es una chica que va allí para reflexionar precisamente y poner las cosas en orden y encuentra lo que necesita para reaccionar, para comprometerse y poner un poco de diversión en su vida. Empieza a ver las cosas de otra manera, porque choca con la realidad bastante de frente y toma una decisión, cuando, hasta entonces, la vida tampoco le había hecho tomar demasiadas decisiones y ahora sí que tiene que tomar una, porque se encuentra en una situación un poco extrema y de ahí el que conozca otras cosas. Para mi gusto con ello sale más reforzada, más mujer y de pronto se pone en la edad que tiene. Hasta ese momento Sandra está tirando de los veinte y de repente se pone en su edad y halla lo que necesita al encontrarse con una amistad distinta a la que ha conocido hasta ahora. Cada uno en la vida aprende en la vida a través de los otros y ella da con la persona que creo, necesitaba encontrar que es Julián y a través de él aprende muchas cosas.

Todo es cúmulo de circunstancias que le caen encima a Sandra impiden esa reflexividad que quizá está más presente en otras obras tuyas…

Creo que es algo que me achacan porque soy mujer. Digamos que hay bastante psicología, pero no creo que en mis novelas haya nada de ñoñería, ni de sensiblería. No son novelas rosa; se habla del amor y de la pareja bastante, se cuestiona la lealtad, pero no creo que eso sea sensiblero. Otra cosa es que sean sensibles, en el sentido de que una novela refleja también la vida, pero a través de detalles, de los múltiples detalles que enriquecen la vida.

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