Einstein, por favor

¿Existe una antesala de la evidencia científica?, quizá el responsable de atenderla sea Einstein, ese hombre que aparece en camisetas, al que pidieron autógrafos mientras estuvo en dolaria=América y pudiera ser un impostor para una mayoría sorda a sus constelaciones de ecuaciones. Jean-Claude Carrière intenta a través de una caminante cualquiera hacernos entender las singularidades de la luz que hacen variar nuestra percepción, la equivalencia de la masa y la energía, la relatividad restringida y esa paradoja que envuelve a un  universo despoblado de dogmas, porque “todo lo que trabaja para el desarrollo de la cultura trabaja, también contra la guerra”.

El encantamiento de esta conversación sin límite entreabre puertas de las que surgen Newton harto de esperar, y por las que se puede ver al Albert que navega tranquilo olvidado de sí mismo por el lago. O que desvelan a la aprendiza de oyente que, grabadora en mano, ve arder los libros en “La noche de los cristales rotos” en una muestra de esa flexibilidad de lo curvilíneo del espacio-tiempo. El autor nos tira a la cara este mundo matemático que podemos hacer tan pequeño como para cogerlo con los dedos y entender que “las estrellas no son propiedad de nadie”: conocimiento teórico frente a totalitarismo, bosones colaborativos contra la disociación de los fermiones. El boddhisattva Einstein rehabilitado desde la captura de su ciencia noble basada en el misterio, sin miedo a la oscuridad que nos asalta. Tenemos también el instante del silencio, del horror al que se ha dotado de nuevos medios para imponerse y de esa conciencia de ser “un haz de realidad en una inmensa cantidad de otros haces”.  

Einstein, por favor. Jean-Claude Carrière. RBA. Barcelona. 2005. 220 páginas.   

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