Para que otros bailen…

A veces el mundo queda retratado en cinco minutos y medio… Para que otros bailen una danza macabra, debemos entregar nuestra vida, para que otros sigan con su maquinaria de dolor, se exige obediencia, para obedecer es mejor no hacer preguntas, para llegar alto, a veces puede que el coste sea demasiado alto. Para que no piensen que protestas, hay que acatar órdenes sin rechistar por incoherentes que te parezcan, incluso aunque te cuesten seguir adelante. Siempre hay alguien que se beneficia del malestar de otros, incluso quien observa atónito o se burla. Nunca falta un paparazzo de la desgracia ajena y todo, hasta la tortura es susceptible de ser objeto de diversión para los otros. Como leí en una ocasión en un azulejo ornamental, “ceder a una injusticia es animar a los demás a cometerla”.