¿Banca ética? GAP y FIARE demuestran que es posible

Inversiones en ideas que reportan un beneficio a la sociedad

Alberto García e Ignacio Soto descienden donde no llegan o no quieren llegar los grandes bancos con dos iniciativas, GAP y FIARE con las que pretenden propagar la economía solidaria. Porque a veces da la impresión de que nos han robado la terminología y que financiar necesariamente lleva aparejado lucrarse a costa del esfuerzo de otros, es conveniente dar espacios a iniciativas que quieren trabajar desde la confianza, prestando dinero a proyectos con conciencia y sin que la maximización del beneficio sea el único norte. Para quienes no pudieron asistir a la charla que ofrecieron en la Agrupación de Centro Alberto García e Ignacio Soto charlan con nosotros.

“El dinero puedes usarlo de muy diversas formas para dar esperanza a más gente y que las cosas funcionen para todos y desde un punto de vista social”

 ¿En qué consisten GAP y FIARE?

Alberto García: La verdad es que una cosa está dentro de la otra. Tanto Ignacio como yo pertenecemos al GAP y el GAP es una de las asociaciones que ha promovido que el esfuerzo de crear una banca ética salga adelante. Como GAP somos miembros de FIARE e Ignacio es miembro de la Junta directiva de éste, en calidad de representante además del GAP. Digamos que GAP es una iniciativa pequeña y FIARE es un poco más ambiciosa en la cual participan muchas otras organizaciones del tejido social. Son un poco distintas, pero están bastante relacionadas.

Históricamente GAP es más antigua; en Madrid llevamos funcionando desde hace diez años, y a lo que nos dedicamos es a promover la economía solidaria y en concreto, nuestra actividad principal era el dar préstamos pequeños a proyectos que tuvieran algún trasfondo ético. Lo que hacíamos, porque parte de esas funciones las estamos traspasando a lo que va a ser FIARE, era recibir proyectos, evaluarlos éticamente y desde una perspectiva de la viabilidad económica, de tal forma que lo que queríamos era prestar a gente que lo fuera a devolver y que fuera a tener una actividad económica, puesto que en general no hacemos préstamos para adelantos de subvenciones. Desde luego no es una donación, sino que hacemos préstamos para una actividad que arranca o está en crecimiento…, pero que nosotros veamos que es viable y que el préstamo se puede devolver. Lo que hacíamos era, una vez que veíamos un proyecto que nos resultaba interesante, era contactar con toda la gente que trabajamos, que son nuestros socios para ofrecerles el proyecto y que ellos decidieran si invertían en él o no y por otro lado, lo que hacíamos era gestionar en nombre de los socios las condiciones del proyecto e informar de forma conjunta al resto de la gente.

¿Qué requerimientos debe tener un proyecto para que sea aprobado por vosotros?

Alberto García: Aparte de la viabilidad, hay unos principios que no son sólo nuestros, sino que son comunes a la economía solidaria y son los de REAS, Red de Economía Alternativa y Solidaria, en la que como GAP participamos igual que otras organizaciones del sector. Los principios serían el de igualdad, es decir, que toda la gente que participa en la empresa, cooperativa o actividad productiva tenga salvaguardados sus derechos, de modo que no haya una explotación o asimetría muy fuerte, para que todo el mundo pueda opinar sobre las condiciones laborales.

¿Es necesario que sean entidades organizadas en modo cooperativo?

Alberto García: No necesariamente, aunque es verdad que la cooperativa es una forma jurídica que está pensada para facilitar el que haya igualdad entre sus miembros, aunque  no siempre de facto, por el hecho de ser cooperativas funcionan ni garantizan esos principios…Y luego, por otro lado hay otro tipo de actividades que se desarrollan a través de Sociedad Limitada o de otro tipo de forma jurídica como asociaciones que también pueden cumplir estos principios. Por ello, aunque hay diversas formas que pueden adecuarse, simpatizamos bastante con las cooperativas, sin que sea requisito obligatorio para recibir nuestras ayudas.

¿Y qué más requisitos exigís?

Alberto García: Que fomenten el empleo, que sean respetuosos con el medio ambiente -y que puedan favorecer acciones positivas para él o que, al menos, no sean perjudiciales-,  que se basen más en principios de cooperación que de competencia, tanto dentro como fuera de la organización. Otro aspecto muy importante es que no tenga carácter lucrativo, de modo que haya un reparto equilibrado y no haya un afán de lucro, para que lo obtenido se reinvierta en el proyecto, incorporando más gente a él. Y por último, que esté bastante integrado en el entorno social al que pertenece. Cuando viene un proyecto social no necesariamente hay que sobresalir en los cinco puntos, pero sí que hay ámbitos en los que parece que se cumple bastante bien como el comercio justo, las empresas de inserción o las empresas de promoción de consumo responsable, que serían las actividades más éticas, aunque luego hay una serie de proyectos sociales a los que hemos hecho préstamos, como centros de ocio infantil, proyectos artesanos, publicaciones donde también se evalúa el cumplimiento de estos principios. A veces son proyectos en los que de forma muy precaria compartimos esos valores y por ello la evaluación ética es positiva.

Proyectos como la huerta bajo el asfalto no encontrarían apoyo económico de entidades financieras convencionales para subsistir…

Alberto García: Claro, ése es uno de los puntos que trabajamos y es que la confianza personal también tiene un valor, tanto como un aval u otro tipo de garantías que exige un banco, y que luego, al final, cuando llega la hora de la verdad se vienen abajo. En el caso de “Bajo el asfalto está la huerta” es un proyecto muy interesante, porque además de gente que está trabajando la huerta hay una red social bastante fuerte de consumidores y cumple muy bien el criterio de estar integrado con el entorno social, el medioambiental, el de la cooperación y del empleo. Y además, porque algunos participábamos ya del proyecto desde el GAP; en GAP un aspecto importante siempre ha sido la cercanía con los proyectos y por eso ¿qué mejor garantía que gente que llevamos viendo durante bastante tiempo cómo están trabajando?

¿Y eso es viable en una ciudad como Madrid tan desproporcionada?

Alberto García: FIARE va también en esa línea de llegar donde no lo hacen los bancos, pero de un modo un poco más profesional. En el GAP sí que hemos intentado hacerlo, pese a que Madrid es una ciudad muy grande y difícil en la que estamos todos muy ocupados. Además, se da la circunstancia de que mucha gente que estamos metidos en cuestiones sociales lo estamos en muchas cosas a la vez y te terminas encontrando a los mismos en distintos sitios, pero sí hemos intentado mantener con muchos una cercanía que en algunos casos ha sido muy estrecha. Y cuando hemos hecho préstamos a gente de fuera de Madrid nos ha sido un poco más difícil, pero siempre hemos tenido algún vínculo y era gente que conocíamos de una u otra manera.

Eso no excluye que gente que no os conozca y descubra vuestra iniciativa pueda dirigirse a vosotros…

Alberto García: A eso estaría un poco más orientado FIARE que actuaría más como banca. A GAP nos importaba bastante la confianza personal y en algún caso, proyectos que vienen de fuera los hemos evaluado y aceptado, pero entraña una dificultad añadida frente a proyectos de gente con la cual tenías algún tipo de vínculo.

¿Respecto a la devolución de los préstamos la confianza se deposita como en los proyectos de Triodos en las mujeres?

Alberto García: Hay diferencias bastante importantes entre India y España, porque aquí no hay una discriminación ni positiva ni negativa, ni hemos observado que haya un perfil especial de mujeres que piden dinero. Generalmente por nuestros principios, más que prestar a personas individuales prestamos a colectivos. El hecho de que venga una persona individual a pedir un préstamo es algo que ya dificulta la solicitud, porque se empieza a alejar de varios criterios de cooperación, igualdad… Nosotros estamos muy interesados en financiar actividades que sean colectivas, y dentro de ellas el que sean promovidas por hombres o mujeres no está siendo un criterio diferenciador.

¿Cuáles son los pasos desde que un colectivo se dirige a vosotros hasta que se apoya el proyecto?

Alberto García: Lo normal es que la gente contacte con nosotros desde la confianza con algún socio del GAP que nos lo presentaba y ahí lo que siempre hemos pedido es un plan de negocio que siempre discutimos con las personas que lo presentan para ver conjuntamente la viabilidad ética y económica. Siempre teniendo en cuenta que en el GAP –eso va a ser distinto en FIARE- somos amateurs, porque nos dedicamos a otras cosas, aunque haya algún economista.

El GAP es quizá el hermano pequeño…

Alberto García: Más el hermano travieso (bromea), el que hace cosas que el mayor quizá no haría.  Desde la experiencia que hemos ido adquiriendo vas aprendiendo a analizar cada vez mejor la viabilidad de las empresas, pero sin que sea un proceso exhaustivo. Hay muchas empresas que te las presentan, y conociendo un poco cómo funciona el sector del comercio justo te parece poco realista, pero luego pueden ir mejor de lo que pensabas y otras con más posibilidades a priori pueden ir peor por vicisitudes de la vida. La idea en FIARE es que la evaluación de los proyectos, la viabilidad económica va a estar profesionalizada y va a tener unos criterios más estrictos, algo acorde con el hecho de que va a ser un banco, que impone unas condiciones que hay que cumplir, pero de la misma forma que los bancos te piden unas condiciones que sugieren que cuando te dan un préstamo es porque casi no lo necesitas, nosotros queremos funcionar de otra forma para la gente que tiene un compromiso ético.

¿Qué diferencias hay entre las ayudas que concede un banco convencional y vosotros?

Ignacio Soto: En FIARE estamos en un proyecto de construir un banco que funcione con los principios que ha comentado Alberto para el GAP; esos principios se aplican a una entidad financiera con todas las posibilidades que eso da, lo que lógicamente en el GAP es algo más amateur y muy limitado en lo que se puede hacer, ya que el tamaño de los préstamos también es muy limitado. Lo que queremos es dotarnos al tercer sector  de un banco que funcione con estos principios. Por un lado, en los objetivos se comparte con el GAP el que la idea es dar financiación a proyectos, actividades económicas que tengan un impacto social positivo, aunque en FIARE lo hagamos a otro nivel y por otro lado, proporcionar a los ahorradores la posibilidad de invertir su dinero en ideas que reporten un beneficio a la sociedad. Entre las características que queremos que tenga este banco está el que sea viable económicamente, un proyecto serio que funcione con las reglas del mercado –va a estar supervisado por el Banco de España- y tendrá que cumplir los mismos requisitos que un banco normal. Además, tiene que ser rentable, porque no podemos prestar dinero…

…a fondo perdido…

Ignacio Soto: No, porque tiene que ser rentable para convertirse en un instrumento que perdure en el tiempo y que sea sostenible.

¿Qué entidades están participando en el proyecto?

Ignacio Soto: La idea es que el banco pertenezca a las entidades del tercer sector que son los clientes objetivos del banco, tanto para pedir financiación como para pedir dinero. Queremos que esas mismas entidades sean dueñas del banco y por eso el banco cuando se constituya será una cooperativa de crédito y pertenecerá a las mismas entidades del tercer sector a las que pretende servir. Es muy importante esta idea del modelo, en el sentido de que es un banco de todos y funciona con la idea de una persona, una entidad, un voto, sin que pese el tener más capital o menos. Y un último rasgo importante será la transparencia, porque todo el mundo podrá saber los préstamos que hace, con una información perfectamente accesible. En este momento las entidades que están en este proyecto, tanto impulsándolo como participando como clientes son desde particulares con inquietudes en este tema, hasta ONG, asociaciones religiosas y demás entidades del tercer sector.

Pero no es una idea que surge ahora, porque en un momento de crisis como el presente puede parecer una iniciativa de aventureros…

Ignacio Soto: No, de hecho lleva bastante más tiempo. Lo que es el proyecto FIARE empezó a principios del año 2000 en el País Vasco que es donde se origina y a inicios de 2008 se extiende al resto de España, donde ya había otras iniciativas –el GAP es un ejemplo en esta línea-, pero aprovechando el impulso de FIARE en el País Vasco se recoge esta idea para promover una cooperativa de crédito. En este momento es que estamos funcionando como banco, pero utilizando la agencia bancaria de la Banca Popular Ética Italiana que es un banco ético que funciona con estos principios en Italia y lleva ya quince años trabajando, en España se está operando como sucursal de ese banco italiano. Tenemos actividad bancaria que está supervisada por el Banco de España –por estar operando en España- y el Banco Central Italiano –como sucursales de un banco italiano- y al mismo tiempo estamos recogiendo capital social para formar una cooperativa de crédito europea a finales de 2011.

¿Qué entidades estáis financiando y cuál es el proyecto de mayor envergadura?

Ignacio Soto: En este momento el proyecto FIARE tiene en España más de 20 millones de euros en depósito, en ahorro y tiene financiados más de 12 millones de euros y hay como 1.000 clientes, tanto de depósito como de financiación.

¿Hay algún sector o servicio que sea más proclive a ser financiado?

Ignacio Soto: No hay en principio un perfil claro. La idea de los proyectos es similar a la del GAP, pero profesional, es decir, cuando un proyecto pide financiación en FIARE tiene que pasar por dos comités, uno económico que ve su viabilidad económica y otro ético que ve si tiene una aportación social.

¿Y en cuánto tiempo das una respuesta al solicitante?

Ignacio Soto: Es relativamente rápido; no tardamos seis meses.

¿Y cuál es el cliente potencial?

Ignacio Soto: Lógicamente clientes claros de financiación son ONG, organizaciones que trabajan en cooperación al desarrollo, integración social, que son quizá los más típicos hasta ahora.

¿Y normalmente se dirigen ellos a vosotros o estáis ofreciendo vuestros servicios a las entidades?

Ignacio Soto: Realmente hasta ahora han sido ellos quienes se han acercado a nosotros. Ahora mismo estamos haciendo alguna iniciativa de ofrecer nuestros servicios, pues aunque lleva algún tiempo y ha ido creciendo en volumen y en gente involucrada, porque al principio lo que se podía hacer era relativamente reducido, mientras que ahora tenemos más posibilidades. Un paso que estamos dando ahora es dar a conocer estas posibilidades a asociaciones que son clientes potenciales, porque es una pena que actualmente FIARE tenga la oportunidad de poder ofrecer financiación y una ONG que podría estar en línea con nuestros criterios de pensamiento se vaya a un banco convencional, porque no sepa que existe esta alternativa. Por eso estamos haciendo un pequeño esfuerzo al menos en dar a conocer a las entidades para explicarles las opciones que supone FIARE.

¿Las condiciones económicas son equiparables a las de bancos convencionales?

Ignacio Soto: Inicialmente las condiciones económicas son similares a las de otros bancos en el sentido de los préstamos que se conceden de acuerdo con el Euribor más algo o algún tipo de índice del dinero más algo y con los depósitos sucede algo similar. Y como en todos los bancos hay ofertas en los distintos momentos que pueden ser mejores o peores según las circunstancias. También es verdad que tenemos productos específicos de un banco ético; por ejemplo, hay una libreta que se llama Redes en la que los intereses a elección del propio ahorrador no van a los ahorradores sino que se destinan a una ONG dentro del campo que elige el ahorrador como puede ser medio ambiente o cooperación al desarrollo en países del Sur.

Alberto García: FIARE como banco su objetivo es sin ánimo de lucro, ya que los socios actuales no tenemos intención de pedir al banco que reparta beneficios, frente a los demás bancos que sí que tienen esa finalidad y otro forma de sacar dinero de un banco sería tener unos sueldos muy altos, algo en lo que nos sumamos a la Banca Popular Ética Italiana que tiene una larga trayectoria en el sentido de que los sueldos están limitados en bandas salariales máximas que son relativamente modestas para lo que es un alto cargo de un banco, del orden de los 50.000 euros anuales.

Con lo cual no hay stock options…

Alberto García: No hay stock options ni hay nada de eso. La idea es que el banco lógicamente sea rentable, tenga un colchón fuerte de su actividad que se derive a proteger el resto de sus actuaciones como estamos ya viendo en otros bancos, porque quizá a nosotros se nos pidan unas garantías algo mayores que al resto por nuestro tipo de actividad, sin que tengamos necesidad alguna de apretar las tuercas en ningún caso. Y otra cosa que tenemos clara es que nosotros no competimos, porque no queremos pelear por quién ofrece los préstamos a menor interés, porque ofrecemos algo distinto y pensamos que la gente que va a poner los depósitos aquí los va a poner en condiciones posiblemente inferiores, pero porque está concienciado.

Porque para que nadie se lleve a engaños no es que no vayáis a pedir intereses por ese dinero, sino que vuestro objetivo no es enriqueceros…

Ignacio Soto: El objetivo es ser rentable, porque el banco se tiene que sostener, pero no es maximizar la rentabilidad como en los bancos tradicionales, porque lo que buscamos es reinvertir en ofrecer mejores servicios a nuestros clientes.  

¿En esta sociedad en la que todo tiene un precio, el mensaje de una banca ética puede calar fácilmente o tenéis dificultades a la hora de hacer llegar vuestro mensaje?

Alberto García: Estamos juntándonos con la gente que tiene nuestra misma mentalidad, aunque luego hay un proceso educativo. Nuestro objetivo utópico es el de transformar la sociedad y que se pueda ver que esto del dinero no es una cosa intrínsecamente sucia y amoral, sino que el dinero puedes usarlo de muy diversas formas para dar esperanza a más gente y que las cosas funcionen, pero que funcionen para todos y desde un punto de vista social. ¿Vamos a llegar al top de los diez bancos españoles?, pues seguramente no, pero en mi opinión no es eso lo que queremos. Queremos unirnos los que tenemos esta idea y apoyar a otra gente que tiene inquietudes sociales y éticas y que hasta ahora se había visto con dificultades financiera para sus proyectos y también para ser un referente para otra gente que escucha mensajes como éste de “sin ánimo de lucro” que parece contracultural y que así se planteen poner algo de dinero en el proyecto de forma alternativa. En el fondo buscamos crecer desde lo pequeño y hasta donde de, sin perder el sentido que le queremos dar.

¿Cuál sería vuestro eslogan?

Alberto García: No es el tipo de proyectos para el cuál buscaríamos eslóganes y tampoco estamos acostumbrados a ello.

Quizá debéis os haga falta un creativo…

Alberto García: Ése es el tema; no necesitamos un creativo porque los medios de la sociedad de consumo convencional no son los que nosotros queremos emplear. No pretendemos llegar con una frase, porque trabajamos de otra forma; queremos llegar con lo que hacemos y no entrar por los ojos.

Porque la conclusión es la confianza que ofrece una entidad que responde…

Alberto García: Claro. Consiste en encontrar a gente que resuena o está preocupada con estos problemas y que le preocupa la sociedad y la gente de su entorno. Entiendo que quizá sería pedagógico buscar una frase publicitaria que lo resumiera todo.

En lugar de donar un dinero a una ONG, sois una buena opción…

Alberto García: Me parecen cosas muy distintas donar y prestar. La idea es que si prestas y tienes conciencia, en vez de ponerlo en los sitios que no tienen conciencia o la tienen muy mala, debes saber que hay otros sitios donde puedes ponerlo. No es tanto una alternativa a la donación, sino a entidades donde tu dinero tiene una rentabilidad muy limitada que es la rentabilidad económica de transformarse en más dinero, mientras que nosotros lo que queremos es otra rentabilidad, la social, que valga para todos. Contarlo en la agrupación de Centro en ese sentido fue, porque entendemos que son personas con una preocupación social orientada desde una militancia en un partido político donde ellos consideran que debatir e intentar mejorar las cosas es positivo, porque hay más cosas que no son el consumo.

¿Necesariamente vuestro proyecto está orientado a partidos de izquierdas?

Ignacio Soto: Nuestro proyecto es apolítico, lo que pasa es que sí que es cierto que hay ciertas sensibilidades en las que esperamos tener más resonancia, pero no siempre tiene por qué ser así. Hay una ideología detrás de nuestra iniciativa, pero no tiene paralelismo con una ideología política.

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