Entrevista con Andreu Buenafuente

“Con la edad que tienes hay cosas con las que no puedes tragar y tu manera de ser se filtra en tus textos”
Localizamos a Andreu Buenafuente presentando, arropado por Juan Cruz, su último libro de monólogos, “Sigo diciendo” en la achicharrada terraza de un hotel en plena Plaza de Santa Ana, después de un invierno casi monzónico. “Lo de las entrevistas promocionales es un lío, sobre todo teniendo un programa diario”, reconoce Buenafuente. Andreu, pese a que se le nota el cansancio de las giras promocionales, posa con la mejor de sus sonrisas para la prensa que intenta el más difícil todavía, ser más gracioso que un cómico, curtido en la radio y que desde hace unos años consigue que más de uno se vaya a la cama un poco más contento.

¿Le agota a Buenafuente tener la obligación de ser ocurrente 24 horas al día? -porque todos parecen buscar obsesivamente su lado más divertido-, a lo que el presentador responde sin dudar: “No, lo llevo bien; si mi oficio es la risa, entiendo que se espere más risa, así que lo intento llevar con normalidad y siempre digo que no puedes ser gracioso todo el rato, pero sí ofrecer una visión irónica y distendida de la vida. Yo creo que nada es grave y todo con una risa se lleva mejor y tengo la suerte de poder trabajar de eso, ¡que ya es un sueño!, aunque luego en el día a día hay momentos para todo”. En este último libro, recién llegado a los escaparates, encontramos no sólo monólogos cómicos, sino también alguno más emotivo como el que dedica a Pepe Rubianes… “Lo de Pepe es un homenaje muy bonito, porque además fue una excepción; ese día rompimos todas las normas e hicimos algo que me salía del corazón sobre mi relación de tantos años con un maestro del humor”.
Al programa de Andreu Buenafuente podría encajarle como anillo al dedo el título de Gesualdo Bufalino, “Perorata del apestado”, por aquello de trabajar en una cadena como la Sexta, criticada por ser afín al Gobierno. Por eso le consultamos si resulta complicado ser uno de los apestados y no hacer sangre con la crisis, a lo que el cómico catalán responde que “la crisis, es un buen tema para hablarlo; cuando ya arreció nosotros dijimos ‘a ver, hay que reírse de esto, pero vamos a calcularlo bien, porque hay gente que lo pasa
mal’. Al final yo creo que hemos conseguido que hasta el que lo está pasando mal agradezca que le eches un poco de humor. Pero no es fácil, cuando la gente no puede pagar una hipoteca o se queda sin trabajo, que esté
predispuesta a reír. Mucha gente me dice ‘gracias por la risa por las noches, después de un día malísimo’ y esto está muy bien”. (Se aclara la voz, después de un día en el que no ha parado de hablar sobre su libro).
Un compromiso que Buenafuente ha visibilizado participando en la campaña “Esto lo arreglamos entre todos”: “Mi aportación es mi presencia en el sentido de decir, ‘siempre hubo que buscarse la vida’. Ahora está
más difícil, porque mucha gente ha cerrado los grifos que antes teníamos, pero yo me acuerdo de cuando llegué a Barcelona, con veinticinco años, una vespa y con ganas de hacer un programa de televisión. No quiero generalizar, pero hay que ponerle ganas y esfuerzo; costará más –ahora cuesta más-, pero al final las cosas salen”. Por eso el fundador de El terrat nos recuerda en otro de los monólogos de “Sigo diciendo” que está feo asustar a la gente. Tal vez es cuestión de cínicos trabajar desde el humor… “No, es un trabajo –explica- que yo intento que no tenga mucha carga ideológica, porque me parece que la risa vive en otro país donde el politiqueo no entra. Como hablas del mundo, con la edad que tienes hay cosas con las que no puedes tragar y tu manera de ser se filtra en tus textos. Mucha gente dice “se nota lo que pensáis”; y siempre me digo,
‘pues oye, señal de que pensamos’” (se ríe burlón).
Andreu dedica el libro a los que no miran el reloj cuando se está emitiendo su programa…, pero no sabemos si es de los que se repasa los videos en busca de fallos: “No, el monólogo lleva un proceso muy elaborado en el que hay una primera batida de ideas, luego hay un texto a las cinco de la tarde que tomo yo, corto, pego, coloreo y luego en el programa añado la improvisación. Lo que sale en el libro es el resultado final, una vez que lo tengo requetehecho y no hace falta mirarlo más”, nos cuenta. Este periodista que se inició a sus diecisiete años en Radio Popular de Reus no se apura en confesar que los guionistas son los que hacen el 80% del trabajo, poniéndole el monólogo en el punto de chute. La duda es ¿adónde querría apuntar Buenafuente? Sonriendo nos asegura que su disparo va “directamente al estómago de la gente, donde diablos esté la risa, porque parece que chutar a la cabeza es feo. Pero se chuta hacia la comodidad del espectador que está en casa y piensa ‘me voy a reír un rato, que mira que llevo un día duro’. Sólo quiero entrar con comodidad y buen humor en las casas y en eso se basa mi trabajo”.

Buenafuente menciona el ritmo pausado de la tuba, una cadencia, aparentemente opuesta a un monólogo, que requiere una respuesta inmediata y cierta celeridad. ¿Tal vez porque le apetezca hacer algo menos estresante y un humor más reposado? “A estas alturas de la película tengo el tempo y la medida del programa que en el fondo, al hacerlo yo, he fabricado. Es como un traje a medida y supongo que tiene todo lo que a mí me gusta. ¡Últimamente intento que cada vez más tenga ritmo, porque a mí no me gusta hablar de prisa! No se trata de hacer un programa acelerado, porque cuando hay que hacer una pausa, se hace –me encantan las pausas, los silencios-. Y ahora estoy muy cómodo con el tempo”, afirma.

Un cómico en permanente evolución

Leyendo su libro descubrimos cómo ve Andreu la evolución del ser humano, ante lo que cabe cuestionarse ¿sería Berto el Buenafuente mejorado? “Berto tiene su propia personalidad y además muy sorprendente y única. Es un tipo genial y yo creo que aprendemos mutuamente. El cómico evoluciona siempre; a veces me dicen ’es que me gustabas más antes’ y les digo, ‘no es posible’ y siempre me pongo muy radical, porque un cómico siempre es mejor cada año y a los setenta si llegas, ya eres la bomba. Es lo que se le llama experiencia y a mí me encanta evolucionar, sobre todo a la vista de la gente”, nos comenta. En cuanto a si le preocupa molestar con sus parodias como la de ese castillo hinchable del Valle de los Caídos, Buenafuente confiesa: “No me importa incordiar a los intransigentes, porque ellos nos molestaron mucho antes. Lo que me preocupa es molestar a la buena persona, a la amable, pero ¡uno que defiende un régimen de dictadura lo mínimo que debe esperar es que alguien le diga que no está bien, aunque respeto que le guste!”. Luego, ¿puede ser Leo Bassi sería un Buenafuente pasado de rosca?: “¡Ostras, no! Los cómicos entre ellos no se pueden comparar; es un género muy complicado. Leo Bassi es otra movida; es muy bufón, como de teatro italiano, algo muy heavy”. No sabemos si es de los que se ponen el embudo en la cabeza antes de salir en directo por el pánico
escénico, ante lo que se ríe de nuevo: “¡No, que va! Al final hay una especie de locura que te empuja a salir a jugar. Si lo analizas bien tiene apariencia de trabajo y lo es, pero al final es un juego de adultos, con público delante y el objetivo de hacer reír. ¡Esto es un regalo!”. De todas formas, Andreu no es de los que se arredren ante la adversidad, pues como asegura en el libro, hay que marcharse cuando en lugar de reírse contigo, se rían de ti, aunque no parece que sea de momento su caso: “No estoy pensado cambiar de cadena y no está el patio televisivo español como para ir pensando en grandes ofertas. (Vuelve a enseñar su sonrisa de las tres de la tarde en un día abrasador). Estoy encantado de estar en una cadena tranquila, que me deja hacer lo que quiero, que me gusta y que yo le gusto. Si eso se mantiene, aquí seguimos”. Nos queda la duda de si con tantos años delante del público le queda todavía algún monólogo por hacer: “¡Hombre, claro, el de mañana!”,
o alguna noticia que quisiera dar, aunque fuera en clave cómica, “sí, me gustaría dar la primicia de que el PP y el Papa se juntan y piden disculpas. Si la gente se disculpara más, todo sería un poco más normal y mejor”,
concluye antes de despedirse. 
(Dejamos que Andreu se solace, pero antes de irnos no podemos dejar de “espiar” al presentador que, como uno más, coge la cámara de fotos para capturar las vistas desde las alturas de un Madrid espléndido que se atreve a salir al sol, al primer rayo de la temporada).

(Publicado en ACTIVA)