La boca llena de tierra

Lo hemos visto en televisión, en la imagen emblemática de la represión por las protestas en Tian’anmen: Un solo hombre, puede detener un tanque…, ¿cómo no a una reala de feroces perseguidores? No quisiera contradecir a Goran Petrovic, que en el prólogo de esta breve novela habla fundamentalmente de la angustia que aqueja al protagonista de la narración. No obstante, el texto permite segundas y terceras lecturas, más vitalistas, otras enraizadas con el folclore y ninguna de ellas se acaba por sí sola. En honor del escritor serbio, Branimir Scepanovic, un perfecto desconocido para los lectores españoles cabe decir que tiene en su haber el mayor reconocimiento literario de su país, el NIN, además de estar traducido a varios idiomas, lo cual, pese a la pujanza de la literatura del Este es toda una hazaña. Sin destapar el tarro de las esencias de la sorpresa que debe acudir de inmediato en toda novela de reducidas dimensiones, podríamos desvelar que esta desasosegante carrera que emprende el personaje al inicio no lleva a ninguna parte. ¿O quizá sí? Su particular cita con la muerte, parece postergarse una y otra vez, siendo él mismo quien decide en un momento determinado ponerle fecha y hora a ese desalojo que supone saberse mortal, por enfermo, y no poder hacer nada por impedirlo. Por eso aseguramos que ésta no es una novela nihilista, de impotencia, porque este hombre adquiere mayor humanidad al hacerse dueño de su destino, eligiendo ante qué o quién someterse y cuando poner fin a esa metafórica huida. Habremos de conceder a Petrovic que, efectivamente, la soledad, provocada en gran medida por esa presencia colectiva que asedia al individuo, pesa mucho en estas apenas 80 páginas, pero también la nostalgia y una belleza natural que solamente quien haya visitado Montenegro podrá calibrar en su justa medida, con esos parajes boscosos, donde el ser humano pierde el control de tener toda a su escala y la única referencia es la cumbre de Prekornika, casi la Ítaca de un Ulises, acuciado por una jauría de bestias que se sienten fuertes persiguiendo a quien no se doblega a la complacencia de la costumbre. Volviendo al comienzo, puede que si esta cacería es tan mediática sea porque esa montaña resulte en definitiva la Plaza de la Puerta Celestial para este corredor sin meta.

La boca llena de tierra. Branimir Scepanovic. Sexto piso. 88 páginas. 14 euros.

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