Los traidores ya no son lo que eran…

Autor: Ponce 2007Los hoteles antes eran el recinto donde los amantes clandestinos quedaban a deshora para calmar sus fuegos, jugar acompañado y luego emprender el camino de vuelta a una rutina indeseada. Incluso me habían hablado de locales, donde para preservar aún más si cabe la confidencialidad de los encuentros se protege la intimidad de los clientes ubicando garajes para cada habitación a los que los congregados por el sexo pueden acceder por separado, sin que nadie mancille ya sus historiales al descubrir el secreto de la juntura de sus cuerpos. Pero ahora voy dándome cuenta que los hoteles han perdido tan honesta y necesaria función para transformarse en habitáculos de la conspiración política, casi veladores de la inquietud del que no tiene la conciencia limpia y por eso se aloja en estos confesionarios de cama y nevera hasta que a la mañana siguiente cumpla con su ingrata, moralmente, que no económicamente, tarea, entregando los gobiernos municipales cual Judas. Demasiado denostado apóstol, toda vez que él tras cobrar las 30 monedas de oro se ahorcó, mientras que hasta la fecha desconocemos de actitudes de contrición semejante en los tránsfugas nacionales. Recomiendo encarecidamente la lectura del artículo de Jesús Maraña en Público “Este disparate lo pagamos entre todos” y por supuesto la noticia sobre la trama en Sevilla
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