Las viudas de los jueves

Porque los ricos también lloran

Alguna de mis amigas acudiría al cine sólo por ver a alguno de los apuestos actores (Ernesto Alterio, Juan Diego Botto, Leonardo Sbaraglia, Pablo Echarri) que encabezan este reparto coral, pero la película de Marcelo Piñeyro es algo más que eso. Porque el director concede al espectador la posibilidad de internarse con él en uno de esos viveros aptos sólo para pudientes y conocer de cerca las miserias de estos cuatro matrimonios aparentemente felices, aparentemente ricos, indiscutiblemente guapos. Junto a ellos, Gloria Carrá, Ana Celentano, Gabriela Toscano y Juana Viale, dan la réplica a estos empresarios, amantes, padres y maridos imperfectos, Martín, Gustavo, Tano y Ronnie.

 Ya el nombre de la urbanización, Altos de la Cascada, resulta premonitorio, pues desde lo alto de los muros de estas impecables mansiones vemos precipitarse los principios de una sociedad enferma de “corralito”, en la Argentina de 2001, declarada “oficialmente” en bancarrota. Nadie está a salvo de la pandemia económica que azota al país como pudieran creer algunos y así lo demuestran los tres cadáveres que despiertan de su sueño capitalista a la urbanización, flotando en la piscina de uno de los despreocupados habitantes del “country”, barrio amurallado y vigilado, donde nada puede pasar. De todos modos, no hay muerto menos incómodo que el fallecido en accidente y eso convierte lo que pudo ser un problema en algo para olvidar. 

La película lleva a la pantalla los personajes de Claudia Piñeiro, premio Clarín de novelas 2005

 Todos los personajes, basados en los creados por la novela de Claudia Piñeiro, son deudores de miedos y silencios, pero sobre todo de motivaciones que van tiñendo de oscuridad la ficticia abundancia de este ghetto. “Si escarbas un poco…”, asegura uno de los protagonistas y desde luego que el idilio con la desmesura lo pagan caro este cuarteto de hombres al darse cuenta de que están “solos como perros”, dentro de un engranaje social que no admite errores en sus apuestas de vida y que se desinfla como todo suflé del triunfo banal.  

Piñeyro alerta contra quienes vuelven a pisar las huellas de la corrupción a sólo ocho años de ese momento de crítico, escenificado en el fracaso de los cuatro protagonistas, ejemplos sintomáticos de un colapso universal que se repite y contra esa incomunicación que los atenaza. Antes de ir al cine, permítase echarle una ojeada al avance de “Las viudas de los jueves”.

(Publicado en ACTIVA)

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