Lo confieso, siempre he sido una friki

Hoy concluye la feria Expomanga 2010, una reunión de frikis, es decir, un encuentro de gente aficionada al cómic nipón, que se empapuza de ramen, por pestilente que sea su olor en estos eventos y se viste de cosplay, por mayorcito que sea. Eso es lo que recogen los medios que asisten al evento con la distancia del no comprender a la muchachada que diría Joaquín Reyes y capturan por eso a los más extravagantes que allí se dan cita.  

Rascando un poco más la costra de la exhibición, se descubre a jóvenes y adolescentes que, saben que confeccionarse un traje cuesta unas horitas, chicos y chicas que, llevados por su interés o devoción por el anime están aprendiendo japonés, chavales que, en lugar de arrinconarse alentados por el pesimismo que se ha instalado ante la situación económica, comparten unos y otras esta afición y sobre todo, interiorizan que eso de ser friki puede ser hasta divertido. El respeto a la diversidad, más que en los manuales escolares se aprende conviviendo con el que habla, piensa, lee o viste distinto. Y no hay mucho de eso ahora mismo en nuestro entorno, más bien se estilan panfletos y discursos como los de García Albiol que se suben al carro del vencedor de la xenofobia y el racismo, porque no entienden que, diseminando prejuicios desde el camión de la basura, emporcan la política a cambio de votos que no habrá manera de limpiar.

Siempre fui una friki…, seguramente una pionera en eso de aprender japonés -por una casualidad posiblemente-, ya en el año 87 y que, tozuda como era y soy, terminé por ir casi en peregrinación a la embajada del país del Sol naciente a recoger meticulosamente las revistas de formato tabloide donde se contaban cosas increíbles para una chica de Aluche como yo. En esas fechas mis compañeros de Instituto se burlaban de que me estrujara los sesos memorizando las letras en hiragana y katakana… El tiempo da y quita razones, más que a nadie a Rajoy que, sigue desbordado porque la marea social arrambla con su estrecho concepto de la normalidad.

Me alegro de no ser normal y de haber preferido admirar los perennes retratos de Schubert o Lorca en la Historia Universal de la Literatura de Martín de Riquer que colgar los posters de caducos ídolos juveniles patrocinados por El Gran Musical.

Para ver más, visita Canalfriki o lee las reflexiones de Malagaaunike.

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