Palabra de cine

Las palabras, para tener aceptación en una lengua han de parecerse a los almogávares, es decir, batirse a pie de calle, no suponer una impedimenta para el ciudadano, golpear fuertemente el imaginario popular con conceptos inusuales y ser portadoras de noticias. Para esta incursión lingüística el director José Luis Borau ha aparcado el visor de la cámara y uno se lo imagina apuntando en una libreta de gusanillo todos los vocablos y frases que la astucia de los cineastas y a veces, las ingeniosas aportaciones populares, con un cierto ingrediente de casticismo chulesco más habitual en épocas de hambre como la posguerra, han hecho a nuestro idioma gracias al séptimo arte.

El ensayo elaborado por el ocupante del sillón B de la Real Academia de la Lengua Española aparte de ser una extensa compilación de voces incorporadas al habla coloquial es un paseo por el rico anecdotario del Borau espectador y entendido en cultura cinematográfica. En las más de quinientas páginas del libro encontramos al Gila de los antecesores de los minipisos, donde el vestíbulo no era más que un “jolín” o al Mihura que mejoraba los diálogos de los hermanos Marx en sus adaptaciones y a personajes ya desaparecidos como Rafael Azcona. En cuanto a testimonio de un mundo en vías de extinción, el de la artesanía que fue en sus inicios el cine, con figuras que hicieron internacional la industria española como el maquetista Emilio Ruiz del Río es de agradecer el trabajo antropológico que significa “Palabra de cine”, al recordarnos que esa luz de gas de la que se habla en el acoso laboral tuvo en tiempos la cara de Ingrid Bergmann.  Porque  fue en el patio de butacas donde otras vidas nos parecieron posibles -la querida señorita de José Luis López Vázquez, el travestido Jerry de “Con faldas y a lo loco” al que Osgood enseñó que “Nadie es perfecto”- y otras se revelaron en toda su crueldad como sucede en esa denuncia contra la guerra, “Apocalypse Now”, de difícil grafía para los plumillas, según certifica Borau que nos entretiene con toda esa fraseología heredada por la prensa proveniente de la gran pantalla responsable de la metamorfosis de Zapatero en Bambi y a Aznar en un Charlot sin gracia.   

 Palabra de cine. José Luis Borau. Península. 520 páginas.

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