El verano de la nutria

Entrevista a Milagros Frías

Una mujer de espaldas a un mar tenebroso, ajena a lo que se avecina y frente a una isla. “El verano de la nutria” de Milagros Frías es la novela de lo imprevisible que nos espera a la vuelta de la esquina: “Cada día nos depara por azar o por fatalidad pequeñas sorpresas que a veces se hacen grandes y lo que empieza siendo un viaje de un mes se convierten en cuatro años en los que la persona que protagoniza este período de tiempo extrañado de su lugar habitual vuelve fortalecida y cambiada”, nos avanza su autora.

“El verano de la nutria” ha comenzado con buen pie, recibiendo ya un premio…

El libro está todavía bastante virgen, aunque cuando me dieron el premio, las opiniones de las personas del jurado fueron muy elogiosas, concretamente Ángel Basanta aludió a que latía el espíritu de Conrad y Defoe y eso, teniendo en cuenta que traté de escribir una novela de aventuras me parece maravilloso.

¿Cómo resumirías la novela sin destriparla?

Procuraré contar la novela sin desnudarla del todo…. Es una aventura como las de los primeros hombres por mares de contornos indefinidos de los que se salía, pero en los que no se sabía si se volvía. Un viaje iniciático en el que uno vuelve con certezas que no tenía y muy cambiado, porque a medida que vamos viviendo nos damos cuenta de lo que no dominamos.

Es poco usual que una novela de aventuras esté protagonizada por una mujer…

El siglo XXI hace que el protagonismo de la mujer, y no precisamente por cuota, esté en plena efervescencia, pero ni me lo planteé. Aunque a medida que se va desarrollando intervienen personajes masculinos, la novela la vertebra una mujer.

La novela va creciendo con Clara, que carga al principio con su vida a cuestas, avanzando hacia una acción sin freno…

Dice James Ellroy  que la novela surge cuando las circunstancias superan al personaje y aquí el punto de partida de una existencia cotidiana, occidental, sin mayores contratiempos, se ve alterado por un viaje que empieza siendo de placer, y que necesariamente precipita la acción. Ese ritmo sosegado del día a día que no tiene mayores incidencias, cuando uno se ve expuesto a unas circunstancias de pesadilla, a la fuerza se vive a una velocidad que la rutina no te pide.

Vivencias donde todo depende de ella, enfrentándola constantemente a decidir…

Por un lado está el instinto y por otro, el azar. Cuando la situación exige que nos empleemos a fondo, somos capaces de exhibir unas condiciones físicas y mentales para tratar de superar la adversidad que a posteriori sorprende. Una situación límite como ésta en la que uno está ajeno al peligro y éste, que acecha en abstracto, se materializa, tiene como contrapartida inmediata que el personaje crezca hasta límites insospechados.

Hay referencias a Defoe, Turgueniev, Houellebecq, Dante…, en una novela que es una odisea inversa, donde Clara, al contrario que Ulises huye de su hogar para regresar totalmente transformada…

El paralelismo con Ulises es muy acertado, pero también abriría la pregunta de si realmente el héroe, cuando vuelve a Ítaca, la realidad que encuentra y en la que se va a quedar le apetece después del apasionante viaje que ha hecho con sus colegas. Lo que se le plantea a Clara a la vuelta puede ser, en teoría, el mismo problema que tuviera Ulises, por la pereza inmensa que da meterse otra vez en la cocina cuando uno ha tenido la libertad absoluta de viajar y viajar como un propósito. La experiencia de verse uno totalmente expulsado del mundo y la oportunidad de regresar, le permite hacer realmente lo que le apetezca, porque cuando has visto desde fuera el tipo de vida que llevabas, te puede apetecer otra manera de vivir tras esa pausa de cuatro años.

Yrina es un espejo en el que mirarse, mucho más desvalida que ella y que le hace recobrar la fuerza…

Le viene fenomenal emocionalmente, porque se ve reflejada en alguien y le sirve para asumir la situación con una esperanza que no tenía. Y su aparición nos pone en antecedentes de un velero que acabará llegando, ¡y hasta ahí puedo decir!

Clara va descubriéndose a través del otro en esa isla…

Houellebeq utiliza este paraíso en “La necesidad de una isla” donde un hombre maduro se marcha a un resort y yo he querido convertir ese viaje en una aventura, porque ya desde el inicio, se materializa ese miedo difuso que podemos sentir casi como una presencia cuando leemos “El corazón de las tinieblas” de Conrad. Esa sensación de riesgo inminente da pie a las aventuras que se van sucediendo. Lo que me ha interesa al margen de las circunstancias que se vayan narrando con un ritmo acelerado, es el cauce narrativo que te va llevando desde un principio casi previsible a una sucesión de acontecimientos totalmente inesperados.

¿Y ese Javier del final del libro tiene algo de Vázquez-Figueroa?

Es un autor de best-sellers tipo; no he pensado en nadie en concreto, pero como a esas alturas de la novela sale también Stephen King, podría ser un Stephen King hispano.

¿Hay algo de Doris Lessing?, porque en la novela están presentes esta especie de mujeres sabias que se enfrentan al mundo a través del autoconocimiento…

Cuando era más joven me gustaba mucho, recuerdo que leí “La ciudad de las cuatro puertas”. Lessing es una pionera y quizá tengo ahora esa madurez vital, intelectual estupendas y la pasión por vivir desde la escritura circunstancias mundiales tan interesantes como la crisis, la globalización, las guerras…

Actualidad que se espolvorea en la novela…

El miedo en nuestros días es muy doméstico, está en las páginas de los periódicos, en internet, en las conversaciones cotidianas. El caso de la chica de Austria que apareció después de un montón de años secuestrada en un sótano, demuestra que el horror convive con nosotros. Es imposible ser escritor o ciudadano y abstraerse de esa realidad.

¿Por qué “El verano de la nutria?”

Hay un pasaje en un momento crítico de soledad y emocionalmente duro en el que la evocación de un verano de la adolescencia donde la referencia que se tiene es una nutria que apareció aquel verano en el lugar de vacaciones y que coincide con un primer amor, y me pareció muy definitorio de las cosas a las que nos aferramos cuando por la mente pasan los episodios de la vida aceleradamente como cuando vas a morir a toda velocidad. Esta chica se aferra al recuerdo de ese primer amor que vincula al de la nutria y eso le vale de soporte y asidero para sobrevivir.

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