La justicia española consagra la venganza

Conseguida la suspensión de Baltasar Garzón, en España se produce una curiosa ceremonia de celebración que une a los ultraderechistas del “sindicato” -ya que a Intereconomía le gustan tan poco que empiece por acabar con éste- Manos Limpias a la banda de izquierda abertzale, perseguida ferozmente por el juez más mediático de nuestro país. Sus pecados son imperdonables: la apertura de la causa contra el franquismo significa un peligroso proceso revisionista no muy  diferente del que se emprendiera en otras naciones golpeadas por el totalitarismo. Al paso de esta decisión urgente -sorprende la velocidad del Consejo General del Poder Judicial cuando favorece a sus intereses- que no hace sino reproducir muchos años después el mismo revanchismo armado de supuesta legitimidad que Garzón pretendía juzgar, salen beneficiados tanto los corruptos de la trama Gürtel -que tienen un argumento estupendo para incidir en el desprestigio del juez- como los vecinos de las tesis de ETA.

El gran damnificado, no es este magistrado que empezó a darse a conocer por su implacable acción contra el narcotráfico gallego, porque aunque no haya conseguido la salida honrosa de trasladarse a la Corte Penal Internacional, su última intentona de escapar de las envidias, su prestigio seguirá intacto fuera de nuestras fronteras y alguna alternativa laboral tendrá, pues su trayectoria le avala. Las víctimas quedan sin embargo sin reparación, porque la Ley de la Memoria Histórica se ha visto ineficaz al toparse con la incomprensión de mentalidades ancladas cincuenta años atrás. No se trata de cambiar el rumbo de la historia; el relato está claro en términos de vencedores y vencidos, sino de otorgar a los familiares de uno y otro bando la opción de desenterrar a los suyos sin tener que mendigar ante las administraciones para encontrarse finalmente con la negativa a localizar la causa de ese dolor que como la gente de Psicólogos sin Fronteras está viendo en las exhumaciones devuelve la palabra a quienes la perdieron abrumados por la tragedia. Que nadie piense que la primera palabra que pronuncian la mueve el rencor, más bien es el inicio de un duelo hasta ahora imposible.

Algunas reacciones internacionales:

The New York Times

BBC

Le Figaro

Página 12

Süddeutsche zeitung

Tagesschau

Reuters