Los dos caminos de la filosofía

Portada de Los dos caminos de la filosofía Glucksmann, sepulturero confeso del comunismo y apoyo intelectual de los defensores de la guerra de Iraq, expulsa en “Los dos caminos de la filosofía” toda una cascada de reflexiones contra la mojigatería, los prejuicios y esa crisis de valores iniciada en tiempos homéricos. En su ensayo el filósofo destapa las vergüenzas de un Heidegger que ya no se oculta y equipara amor y nación, suspendiendo la conciencia para propiciar genocidios como el de Ruanda y veleidades integristas movidas por el afán puro de la destrucción, en una existencia acuciada por la muerte y el mismo nihilismo del teólogo de Messkirch, contra el que sólo cabe pensar amorosamente.

Este francés que asegura que “evitar el desastre y perseguir el bien son dos cosas distintas” resucita a un Sócrates estupefacto y espantado ante la equivocada exégesis que de él se ha hecho a lo largo de la historia, para instar al lector a recuperar lo mejor de ese espíritu del ateniense, su falta de dogmatismo y ese regalo de otorgar al hombre la capacidad de pensar sobre su realidad y con ello la libertad de alejarse de ese Mal que al desterrar domina con ímpetu en un Occidente extenuado. Pero para quienes rehúyen la filosofía más densa el libro se articula no como una simple confrontación sobre las teorías de uno y otro, sino que va picando de aquí y allá en la actualidad, aportándonos su perspectiva de lo que considera un comunismo travestido de férreo nacionalismo, más atezado de moderación en el caso de Putin o partidariamente violento en el de los serbios o en torno a las revoluciones de color en países como Myanmar que mueren ante la sordera de los rinocerontes.

Los dos caminos de la filosofía. André Glucksmann. Tusquets. 261 páginas.

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