Elefantes boca abajo

Nadie nos advierte que los prados pueden ser verticales y que entre nuestras posibilidades está el colocarnos patas arriba, arrugando la piel en la pirueta. A veces somos nosotros mismos los que escogemos ponernos cabeza abajo para intentar el equilibrio más arriesgado, inconscientes de que nuestra trompa no será capaz de sujetar nuestro peso ¿o sí? A los ojos de la sociedad somos unos egoístas y unos irresponsables por querer oler por nosotros mismos esos paisajes de tierra que los otros nos describen, porque nadie ha intentado antes hacer semejante voltereta y líbrete Dios de intentarlo, pues el primer cobarde que te observe te tachará de díscolo revolucionario, aguantándose las ganas de tropear como tú y tambalearse en esos primeros balanceos que te meten el susto en el cuerpo y te hicieron pensar que tal vez tenían razón y era una locura.

Visto así no eres más que un paquidermo haciendo ventosa con el suelo y está claro que la posición te hace más vulnerable, que de tu grandiosidad y ese estruendo con el que vas pisando por la vida queda poco, pero tuviste suerte y tu contumacia, tu poca vergüenza y ese no pensártelo dos veces te han permitido estar ahí, mirándonos a todos las canillas de las piernas, mientras se te baja la sangre a la cabeza, restándole importancia a las grandes cosas para enseñarnos que también en la inestabilidad puede hallarse el equilibrio.

¡Gracias Barceló!