¿Cómo me pongo en marcha?

Porque es muy fácil denunciar con las manos quietas… En estos días en que Kirguizistán se convulsiona por los enfrentamientos interétnicos, veo un reportaje sobre la Operación Cóndor y escucho esas declaraciones de Figueiredo pidiendo olvidar y pienso que esa es la vía más directa para la aceptación y la consagración de la injusticia. Hay que decirse una y otra vez que si al vecino lo sacaron de su casa de madrugada, algo habría hecho -a mi padre le mandaron a la Guardia Civil por peligroso sindicalismo subversivo, nada más lejos de su intención seguramente, pese a su más que conforme actitud con el régimen de Franco-; porque tras esta primera línea de defensa se agazapa el posicionamiento, la divisoria entre buenos y malos, entre los que quieren a la patria y los que ya saben dónde tienen la puerta si esto no les gusta… Y así nunca es nuestro cielo el que está rojo, ni esos cuerpos que chocan contra el mar atados a raíles son los de la gente de bien.

Cuando estaba en la Facultad de Periodismo leíamos el desastre de la guerra en los Balcanes; desconocíamos en ese momento qué significaban los acontecimientos que los corresponsales nos relataban y que un día leías y otro día dejabas de hacerlo, porque Yugoslavia se veía muy lejana y ajena. Luego vino Ruanda y el desastre siguió quedándonos en la distancia. Los años, nos hacían responder que podíamos permanecer al margen, porque el umbral del dolor del que uno ve llorar en la sala de espera de una unidad de cuidados intesivos siempre es una fortuna que no sea el propio, porque es mejor observar que narrarlo en primera persona. Y ahora que le ha tocado el turno al hervidero de las ex-repúblicas soviéticas, iba a decir Occidente, pero no yo misma, sigo esperando el relato, que la narración concluya con un final feliz al que no me toca añadir ni una coma. ¿Qué puertas de nuestra conciencia hay que tocar para que despertemos? ¿Por qué llaman siempre a la entrada equivocada, en un umbral anterior al de respuesta activa y continuamos indignados pero quietos? ¿Qué puedo hacer para frenar la catástrofe? ¿Cuál es mi sitio en la infamia?

Para leer más de la barbarie anotada en este foro sobre la tragedia sudamericana y de los desaparecidos en Ayacucho.

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