Yo soy el mercado

 

Con la oscuridad como insignia el narcotráfico alimenta una mastodóntica economía de ilegalidad y de mecanismos para su control y vigilancia –centros de desintoxicación, cuerpos policiales, centros de estudios…- que según las tesis del libro de Luc Rastello no está tan claro que el capitalismo quiera eliminar. Solamente en situaciones de ostentación y búsqueda de visibilidad como la del capo Escobar se hace imprescindible tomar decisiones radicales en pro del escarmiento ejemplarizante. En esta documentada denuncia el autor critica el negocio que extermina comunidades campesinas a fuerza de contar a la comunidad internacional que es por su bien, condenándolas a cultivos improductivos y con ello a la miseria. Ideas faraónicas como la War on drugs de Bush o el deseo de pagar los sueños nacionalistas en la exYugoslavia que fomentaron la expansión de la planta del dinero empleando a los culeros sólo como señuelo y moviendo mientras con soltura los grandes contenedores de la droga por las aduanas.

Atrás quedan los días de las grúas rellenas de toneladas de coca por los hombres de Orejuelo y por delante la obligación de que sea el criminal quien escoja al cliente, operando siempre “al brinco rabioso”, cuidando la credibilidad mediante una metódica dosificación de la violencia y sorteando la corrupción ante la inminencia de los sistemistas, para que, con suerte la empresa mundial reclame tus servicios financieros en la lucha contra el terrorismo, por poner un caso. Un esquema estructuralmente viciado que acaba repetidamente sacrificando a los eslabones más vulnerables de esta cadena de esclavitudes, peones responsables en muchas ocasiones de la debacle por sus pequeñas debilidades.

Yo soy el mercado. Luca Rastello. Duomo perímetro. 203 páginas.

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