Aral. El mar perdido

En la Roca Barcelona Gallery hasta el 7 de noviembre

Isabel Coixet denuncia el impacto de este desastre ecológico

 Alicia González

La decadencia tiene muchas veces el peligroso encanto de lo irreal. El mar de Aral es esa ficción que siempre encontrábamos en los crucigramas: la definición de ese lago salado o de uno de sus afluentes, el Amu, puede ser ya sólo historia. La cineasta Isabel Coixet, autora del “Mapa de los sonidos de Tokio”, se acerca esta vez a los chirridos de barcos varados y a las vidas frustradas de los pescadores que permanecen a la orilla de un mar cada vez más inexistente.

La muestra que ofrece la Roca Barcelona Gallery, con el respaldo de la Fundación “We are water” presenta al espectador la devastación que avanza hasta condenar a la desaparición al mar de Aral en un futuro no tan lejano. Frente a las tesis oficialistas que se amparan en el cambio climático como causa última de esta alteración de un mar que compartían Uzbekistán y Kazajstán, el documental ilustra los efectos de la falta de una cultura del agua, lo que, sumado a los mastodónticos proyectos agrarios e industriales de la era soviética han devenido en la agonía del mar de Aral.

El monocultivo del algodón se introduce por las bravas como símbolo de un progreso, se construyen desastrosas canalizaciones de recursos hídricos para atender esas tierras de regadío y todo ello deja huérfanas a las víctimas de esta catástrofe que se ha llevado por delante un 80% del tamaño original del lago salado, los habitantes de sus orillas. Resultado: la salinidad del agua se ha triplicado, arrasando la flora y la fauna de este espacio único, mientras los pesticidas y las armas químicas de los laboratorios secretos comienzan a expandirse por el aire en forma de tormentas de arena.

“¿Qué pensaron los habitantes de Muynak cuando la orilla se fue alejando?”

 Una iniciativa audiovisual con la que se pretende concienciar sobre las consecuencias de la falta de recursos hídricos y en torno a la amenaza, cada vez más inminente de que el mar perdido termine sus días transformado en una explotación gasística y petrolífera, para satisfacción de la avaricia de las multinacionales.

(Publicado en ACTIVA)

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