Moscú-Petushkí

LIBROS - MOSCU-PETUSHKI ¿Ha leído algún libro en que se atrevan a mandarle al “decrépito e hijoputa de caudillo” una declaración de guerra? Pues en esta novela de Erófeiev un congreso de perdedores, borrachos perdidos envía a nuestro general Franco y a muchos otros líderes mundiales postales. Cargados de la convicción de Salieri de que “tampoco más arriba existe la verdad”, el presidente de esta comunidad de creyentes en mezclas inventadas de alcoholes baratos.

El trayecto en tren debe finalizar en una cálida escena fundiendo al protagonista con esa muchacha de la trenza que le llega al culo, pero en lugar de ese relato de Turguéniev su viaje es la alucinada crítica de un hombre que hace de ese tren territorio sin fronteras. Necesarias siempre que uno no sepa ver signos evidentes de cada nación como el burdel perpetuo que es Francia y De Gaulle contempla con su catalejo o la desesperación del ruso, espoleada o calmada por esos aguardientes en los que diluir miseria e ignorancia. El vértigo del dolor y el miedo pueden ausentarse en esa vida espiritual que ponen en práctica jugando al sika, sin ver la luz del día. A merced de esa arbitrariedad el protagonista se erige en dictador “por encima de leyes y profetas” en plena era Breznev, donde el obrero stajanovista simboliza uno de los acertijos de esa Esfinge maligna tras la que Venedikt se enfrenta a la oscuridad, donde reina la confusión entre izquierda y derecha. Derrotado Satanás queda por fin ver el Kremlin, reino de las lágrimas y la risa prohibidas.

Moscú-Petushkí. Venedikt Eroféiev. Marbot, Barcelona, 2010.185 páginas.

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