“El cementerio de Praga”

Un juguetón Umberto Eco asegura que estamos rodeados de falsificaciones, la menos dañina, la de la trama de su última novela, “El cementerio de Praga”, en la que acompañamos a un farsante, Simone Simonini, por una historia folletinesca plagada de razones para mover a sus detractores y extasiar a sus miles de adeptos.

 Alicia González

La definición del enemigo está en la base del último texto novelístico del autor de “Baudolino”, donde mimetizando la estructura, las imágenes y el estilo de un folletín, enreda al lector en un pasatiempo de cajas infinitas, donde incluso él reconoce haberse perdido a la hora de construir el libro. El risorgimento, el antisemitismo, la masonería y una cierta dosis de misoginia hacen de la novela un perfecto cóctel explosivo que alerta al lector de los peligros del populismo imperante en la actual cultura de masas. Ahí cobra verdadero sentido una de sus obsesiones según confesó, la fenomenología del falso y de los grandes falsos de la historia de la humanidad, con episodios como el de la donación de Constantino, la carta del prete Juan exégeta de un reino misterioso inexistente, los ficticios viajes de Marco Polo que provocaron muchas exploraciones del mundo moderno o el protocolo de los sabios de Sión, sobre una supuesta organización ocultista judía empeñada en conquistar el mundo. Fenómeno que destapa en el que denunció como el último falso, “las armas de destrucción masiva de Sadam en las que sólo creía Bush, pero que causaron centenares de bajas colaterales”. Eco reconoció ante el público congregado que en “El cementerio de Praga” ha querido contar cómo el falso se construye paso a paso por una profunda necesidad de identidad, puesto que la historia del falso es la historia del enemigo, incluso cuando no lo hay, porque el odio es una emoción que calienta por dentro. “Berlusconi cuando ya no hay comunistas, ni siquiera Partido Comunista, se los inventa como enemigos para poder desarrollar toda su política”, comentó sardónico.

Su falsario esta vez es Simone Simonini, que toma de una carta escrita por un capitán del mismo nombre perteneciente al círculo de los iluminati de Viena, provisto del poder que otorga el secreto, siendo lo que denominó como el secreto vacío el que confiere mayor poder como podemos ver observando la psicología infantil. “Tanto mayor poder en tanto en cuanto está vacío y no se puede descubrir. De ahí que el personaje no quiera ser espía, sino conseguir que todos los demás piensen que lo es”. La virtud de Simonini es que sólo cuenta cosas ya sabidas, lo que favorece que los servicios secretos le crean, es decir, lo mismo que sucede con Wikileaks que publica todo aquello ya conocido, según explicó Eco, para el que la verdadera víctima de Wikileaks no son ni Angela Merkel, ni Berlusconi sino la confianza de la gente que descubre lo que se pensaba que era un secreto no era tal. Si antes la amenaza venía de ese gran hermano orwelliano, la incertidumbre deriva ahora de la transparencia que deja desamparado al poder, sin el misterio y la confidencialidad que deben rodearlo, frente a un ciudadano que todo lo ve y todo lo sabe .

A pesar del evidente catarro del escritor, Eco supo hacer disfrutar a la marabunta que se reunió en el Paraninfo de la Complutense, que el rector de la Universidad, Carlos Berzosa, definió como “gente que quiere leer buena literatura y se preocupa por el saber y que nos hace darnos cuenta de que no todo es esa televisión basura que llega a nuestro hogares”. Lumen celebra sus cincuenta años en el mercado editorial con “el mejor regalo del 2010, gracias a la espléndida tarea de Elena Lozano, traductora al castellano de toda la obra del autor italiano según la editora Silvia Querini.

Sólo Eco a sus 78 años podría permitirse el desplante de convertir en protagonista de su última novela a “uno de los tipos más más fascinantemente repugnantes de la literatura que, por cierto, no tiene ninguna relación erótica en toda la novela. Sólo come, come constantemente, hace falsos y es imposible simpatizar ni un segundo con él”, en opinión de Jorge Lozano, catedrático de Periodismo y discípulo del doctor honoris causa y conocido semiólogo, al que “no le prestamos ninguna atención cuando durante un congreso celebrado en Viena nos hablaba de “El nombre de la rosa”. Para Lozano, Eco ha concentrado en este Simone Simonini “toda la axiología y tipología de apócrifos, seudos, dobles, falsos reconocimientos, del que no se sabe si es un SS, un agente, un falsario, en cualquier caso un tipo repugnante” dentro de una novela en la mejor tradición del italiano, “una enciclopedia impresionante, donde se evidencia la capacidad para hilar y hacer taxonomías absolutamente deliciosas. Aquí está todo Umberto Eco desde los más leves ensayos hasta su gran teoría de semiótica”. Lozano concluyó agradeciendo a su mentor haber escrito este libro, “lleno de recetas de cocina que jamás sabrás hacer, pero que sabes narrar de un modo perfectamente preciso y maravilloso”.

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