Pornotopía

A Hugh Hefner lo han pillado en este ensayo por todos los flancos: Beatriz Preciado, la autora, penetra en la gruta de la mansión Playboy por nosotros, para desentrañar lo uterino de su concepto y dotar de consistencia a un universo construido en torno a una revista que fue más allá de las “Girlwatchers” de los cincuenta. El imperio de las conejitas cobra nuevo sentido a la luz de la heterotopía de Foucault; donde la mentalidad dominante sólo veía el entretenimiento de la tropa, en el desplegable central, grapa incluida, que deja las manos libres para la intervención, la escritora finalista del Anagrama encuentra una dimensión innovadora analizando la transformación que opera sobre el espacio público. Porque ese señor en pijama habitualmente escoltado por un par de uniformadas muchachas dispuestas a abandonarse a la seducción invierte los términos de la privacidad desde su mansión de Chicago, a partir del ideal del alegre divorciado, para el que edifica una perfecta madriguera, su “rábitat”.

Con este cambio Hefner farmacopornográfico, a golpe de dexies, introduce la mercantilización del placer dentro de la sociedad capitalista, en una segunda revolución mediática comparable a los tipos móviles de Gutenberg. Sólo que en esta sociedad heterosexual el motor que buscan los hombres en la guerra fría no es el que establecieron los mandatarios alrededor de una plácida domesticidad hogareña, sino el de una independencia a la que una arquitectura tecnologizada da alas y que configura nuevos espacios multimedia destinados a teatralizar las relaciones sexuales en esa casa sin barreras, donde no todas las plantas albergaban ese desenfreno televisado y sí una elevada dosis de organización disciplinaria – a pesar de la liberalidad que significa para las mujeres la redefinición de la masculinidad que trae aparejada la gramática Playboy- con un lejano referente en el Oikèma de Ledoux o la experiencia escópica del régimen carcelario que conociera Sade.

Pornotopía. Beatriz Preciado. Anagrama.  220 páginas. 

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