La “Obra poética completa” en marcha del novísimo Antonio Colinas

Nos atiende la víspera de la presentación de su “Obra poética completa” editada por Siruela. Dieciséis libros que el leonés asegura aglutinan “no voy a decir que es la historia de una vida, pero sí de toda mi poesía”. Título “orientativo, porque mientras vive el autor, la obra no se cierra”, para un volumen cuya aportación principal son dos nuevos libros, “La viña salvaje” y “Laberinto invisible”, en su mayoría inéditos. Para Colinas “lo más importante es el momento solitario y apacible frente a la cuartilla en blanco”, aunque para acompañar a este libro “quizás el más importante de mi obra” haya abandonado Fuente Encalada.

Alicia González

Creo que pese a la promoción le ha dado tiempo a participar en la yera…

(Se extraña antes de contestarnos)  ¿Y cómo sabes eso? Sí, he participado en la yera o facendera del pueblo de mis abuelos maternos donde pasaba los veranos de mi infancia. Aquí está su casa restaurada donde me puedo aislar. Se hizo este trabajo colectivo en el que limpiamos una fuente en la antigua fragua de mi abuelo. Era un lugar paradisíaco, pero el tiempo y la desolación han pasado por él y hemos hecho “misiones pedagógicas”, de restauración de ese enclave para mí muy entrañable.

¿El prologarse y hacer la selección es para evitar el saqueo de otro crítico?

(Sonríe) Se pudiera pensar esto; si otra persona hubiera hecho el prólogo quizá hubiera sido más analítico, más erudito, pero no he evitado la objetividad y al lector puede serle útil esta visión del autor. He querido subrayar cuál fue el proceso de creación y fijar datos que sólo el autor puede proporcionar. Antes de publicar suelo ser muy riguroso y he corregido los textos, los he dejado reposar y ahora lo he sido también al pulirlos. He preparado la edición revisando los manuscritos y eso me ha permitido rescatar algunos poema que no había publicado, no había terminado o habían pasado inadvertidos.

Se enfrenta a todos esos papeles, no sé si dispersos…

Ordenados… Mi regreso de Ibiza -todo traslado es una alucinación- me sirvió para ordenar todo mi material de archivo y crítico que tengo bien conservado.

Un repaso ¿con una sonrisa hacia esos primeros versos o en ellos ha encontrado esa frescura perdida?

Me siento bastante satisfecho; no he quitado ningún poema y sí he añadido algunos y he pulido algunas erratas, pero fundamentalmente se mantiene como en las primeras ediciones. Dentro están los dos primeros libros, “Junto al lago” y “Preludios a una noche total”, donde ya despunta una voz que valora la emoción, la intensidad.

Con los jóvenes poetas ha ejercido un magisterio, herencia quizá de Aleixandre…

Modestamente creo que sí, porque ha habido libros como “Sepulcro en Tarquinia” que marcó a varias generaciones de lectores y hay ya seis ediciones de mi poesía reunida.

A lo largo de su escritura se pueden distinguir tonalidades en los poemas…

Cada libro seguramente tenga su luz; los primeros son los territorios leoneses de mi tierra natal, que he procurado universalizar. Es un tiempo como el “Truenos y flautas en un templo”, que comencé a escribir en París, con ese verdor de los parques, de los cementerios. “Sepulcro en Tarquinia” lo veo ya con los oros de las piedras de Florencia y luego hay una luz que predomina en mi poesía, esa luz blanca y fogosa del Mediterráneo. Y el cierre de ese círculo es el regreso a estas tierras del noroeste y el color de las piedras de Salamanca.

Da a la imprenta sus libros cada dos o tres años ¿Necesita ese reposo al acabarlos?

Cuando acabo un libro me parece que ya lo he dicho todo, siento una cierta angustia y por eso necesito ese tiempo de meditación. El proceso creativo lo veo unido al que sigue la naturaleza, como resultado de una siembra, un crecimiento y una maduración.

Habla del sentido órfico y sanador de la palabra retomando a María Zambrano

Ese sentido musical es otra de las características de mi poesía. De Zambrano, siempre me interesó mucho la razón poética que contrapone a la de Ortega y ese afán de fundir poesía y pensamiento. El poema ideal es aquel donde el poeta siente y piensa de la misma manera y que no sólo está sometido a lo irracional, imaginativo, sino que donde acaba el lenguaje de la razón, la imaginación aparece el poema. El sentido órfico es armónico; para mí la poesía es búsqueda de la plenitud de ser. Se puede escribir desde el malditismo, la protesta, pero para mí la palabra poética, sobre todo en los últimos libros, busca la plenitud de ser, es un medio para sanar al que crea y al que lo recibe.

Pese a ese esencialismo, en lugar de recrearse en la abstracción crea temas vivos...

Sí, esa búsqueda de la armonía y una apuesta por interpretar la realidad más viva me lleva a ocuparme, siempre con mi voz, desde el lirismo y la emoción, de la guerra de Iraq, la caída del Muro, los totalitarismos. Estos días viendo la catástrofe de Japón he recordado poemas como “La tumba negra”.

¿Esa es su realidad sagrada, que se mide con ojos de piedad?

La realidad es algo sagrado, sobre todo cuando se mira con ojos de piedad. En la serie de poemas últimos, “Catorce retratos de mujer”, el diez está dedicado a la mujer como ser herido, perseguido, desde esta piedad que no es aceptación, sino ternura y afecto.

¿Es ésta la puerta de oro de su obra o va a permanecer todavía en el laberinto?

Este libro ha coincidido con mi 65 cumpleaños y a veces, no comprendo la palabra jubilación, porque un autor mientras tenga su mente despierta va a seguir creando. El libro se cierra con dos poemas que aluden a esos símbolos, por un lado, esa madurez en la que si uno acepta la vida y la comprende, esa puerta de oro y por otro ese laberinto invisible que es la vida. Hay una segunda puerta que todavía no se ha abierto en un diálogo de mi poesía con lo trascendente.

¿Hay algún poema que recite mentalmente en ese releerse a sí mismo?

Siempre hay versos que vuelven a la memoria; antes hablaba de esa angustia que se siente al acabar un libro, y en ese sentido el último verso de “Noche más allá de la noche” dice “Adiós a la palabra, escoria de la luz”. Otro verso recuerda a Fray Luis al decir “el verso, esa roca que resiste toda muerte”, una idea que he perseguido, que el verso sea palabra de hoy, pero también del ayer y del mañana.

Y en ese futuro ¿ el hombre sin poesía dejaría de ser humano? Nunca han sido buenos tiempos para la lírica, pero ése es uno de los retos de la poesía que es un lenguaje a contracorriente que tiende a un mensaje esencial, intenso, sintético y ser poeta es este reto de mantener la palabra, pues la poesía es perenne.

¿Se sorprende cuando le siguen catalogando de novísimo?

Las generaciones son útiles desde el punto de vista didáctico: compartimos ese afán de nueva sensibilidad, nuevo lenguaje de los años sesenta, de buscar nuevos caminos y hacer una poesía más fulgurante, más libre, pero hasta ahí llegan las coincidencias.