Operación militar en Libia

Nuevas armas de Israel y E.E.U.U.Cuento de una pieza

Érase un haz de luz diminuto que nunca había salido en las noches del desierto. Como era verde fluorescente y muy tímido, prefería ir acompañado de otros mayores que él, lo que la gente conocía como fogonazos. Ésta iba a ser su primera experiencia en el mundo adulto y se había preparado para ella desde que era pequeño. Más pequeño aún.

En la escuela le habían contado cómo había que lanzarse en formación en medio de la oscuridad sobre el cielo de arena vacío, cómo situarse hasta formar una línea en la noche cerrada que daría luz a las tinieblas de la ciudad.

De momento, sólo sabía unas pocas palabras: destrucción, muerte, desolación, que el profesor de la escuela técnica les había enseñado a todos, señalando con el puntero sobre la pizarra en la que estaba dibujada su trayectoria. Suspiraba al pensar en ello, en esa misión tantas veces pospuesta. Parecía un viaje interesante, aunque él siempre quería saber más y echaba un vistazo a las siguientes lecciones del manual… Allí vio dibujadas con precisión las caras del antes y el después y los restos de las ruinas. Y se dio cuenta de que a lo mejor hubiera preferido ser más pequeño todavía, y ser la luz del interruptor de un aparato de radio y encenderse todas las noches para acompañar a alguien solo. Y eso aun a costa de pasar una vida anónima, de no crecerse ante las cámaras y no ser famoso para miles de telespectadores que verían en él la imagen del miedo, del estupor, del dolor y del último capítulo del manual: daños colaterales.

Quizá conozcas pronto al rayo luminoso. Podrás ver cómo acaricia las noches sin estrellas de Bagdad desde tu televisor y el sonido como de traca que se apaga te ayude a conciliar el sueño.

(@Alicia González)

(Recordando la invasión de Iraq y los bombardeos de la OTAN en los Balcanes)

Anuncios