El viaje soñado

Éramos cincuenta soñadores y estábamos a oscuras. No había luz para defenderse, ni para atacar. Lo habíamos decidido así, aceptar las reglas del juego y en contrapartida descubrimos esa zona de miedo que reside en nosotros mismos. Ésa es en realidad la propuesta tras el último montaje teatral de Estudio3, “El viaje soñado”, una obra de Julieta Ceolín que enfrenta al espectador a perder las seguridades para dejarse llevar por una historia de sugerencias sensoriales. 

Alicia González 

 

Quizá, personalmente hubiera preferido no despertar del encantamiento y que nos condujeran fuera de la sala como entramos, unidos a un desconocido por los hombros o por la cadera o abandonar la sala vacía, como si un cataclismo hubiera engullido a sus protagonistas. Porque esta pieza consiste en eso, en un espectáculo narrado desde la oscuridad, donde son nuestros sentidos los que ponen el resto: la figura más o menos oronda de los personajes, la frondosidad de unos paisajes muy bien intuidos gracias al espléndido montaje de esta producción, incluso los olores que nos transportan a latitudes tan exóticas como Brasil o la India. ¡Desde aquí, agradecer a los recreadores de estímulos el aroma a pinada que me transportó a unos recuerdos que daba por perdidos! Ya Buero Vallejo llevó la ceguera a escena, pero esta vez la apuesta es más arriesgada, puesto que es el público y no el elenco quienes han de sentir la ausencia total de luz. Fuera de todo eso queda la ensoñación que cada espectador perciba en el tiempo que transcurre la obra, porque habrá quien consiga empaparse de las brisas brasileiras para que su imaginación vuele con esas luciérnagas de una noche apasionada, pero quizá seamos más los que, arrojados a la tiniebla, encontremos no lo que pretendía la parte más amable de la representación, sino el monstruo que produce la razón, aquel que retratara Goya y que, en el texto de Julieta Ceolín viene dado por esa deshumanización de edificios acristalados, ruido y asfixia laboral que conducen al hombre a la búsqueda de ser más ser humano y sacar de cada uno las inseguridades que atan al duro banco de la estabilidad. ¡No se asuste de lo que descubra a oscuras, la obra no habrá hecho más que poner luz sobre lo que ya traía de casa!

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