Origen

¿Es posible perderse en los propios sueños? ¿Podrían inculcarnos ideas ajenas en nuestros deseos más íntimos en la vigilia? ¿Cuántos planos de realidad podemos componer sin perdernos?

No me gustan las películas en las que el sonido es restallante y la acción te empuja a no relajarte jamás. Seguramente mi cinefilia no es la más generalizada, por lo que esta opinión ha de tomarse como una reflexión desde el otro lado de la vitrina, donde hay que ponerse para observar lo que no te complace. Este largometraje de Leonardo di Caprio llegó a angustiarme con tanta persecución y tantos saltos temporales  y espaciales, pero me hizo pensar en los talismanes que uno porta consigo porque le hacen mantener la cordura. Hace días pensaba en que aún no he conseguido tener un sueño reconfortante con mi padre…, tal vez debería contratar los servicios de un arquitecto de sueños como los de la película para traer la figura amable a mis noches y no las imágenes de pesadilla que me atormentan sin darme cuenta.

Mientras escribo esto pienso en lo curioso que resulta unir en esta película la trama y el título, porque ambos me han llevado a mi origen, el de ese eslabón que ya no está. Lo más difícil de aceptar es lo irreversible de ese dolor que no se mitiga y que en casos como el de mi madre le hace decir que ojalá se reúna con él pronto. A lo que yo, debo responder intentando insuflar esperanza, calma y afecto, aun a costa de mi sosiego, aunque pensándolo bien yo nunca he gastado esa colonia.

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