Heroínas

Cariátide (Ánfora de terracota)Da un poco de susto ver a esa campesina apoyada en la guadaña y sobre todo resulta admirable que ningún hombre temiera que las mujeres dispusieran de ese arsenal hecho de aperos con todo los padecimientos que nos han causado históricamente con esa insistencia en relegarnos cuando descubrían habilidades que envidiarnos y vejarnos si nuestra voluptuosidad los rechazaba. Los epígrafes de la muestra nos recuerdan esas afrentas: Solas, porque las mujeres tradicionalmente hemos padecido el aislamiento del sabernos apartadas; cariátides, como soporte de la familia y a la vez, de nuestra propia estabilidad emocional para la que no había opción bajo ese peso; ménades, cabezas perdidas, cuando la presión social hacía inaguantable el ejercicio de nuestra libertad; atletas, en la carrera por asumir cada una de las tareas de interior y exterior que nuestro rol implicaba; acorazadas y amazonas contra la incomprensión de quienes no nos permitieron disfrutar de nuestra sexualidad, especialmente a quienes no seguían los patrones morales mayoritarios; magas, acusadas de apartarnos de lo convencional, sabias en sentimiento; mártires aún hoy de los que nos someten a sus reglas amatorias y utilizan nuestro cuerpo como arma de guerra; místicas, buscando una religiosidad más humana entre fogones; lectoras en el silencio y la oscuridad pues para nosotras la evidencia del conocimiento era delito y pintoras de esa otra realidad que las enciclopedias rara vez retrataban. De todas formas me falta en esa lista del Thyssen una mirada menos eurocentrista, ahora más que nunca que las mujeres plantan el pie con determinación en Túnez mientras en otras revueltas árabes los hombres aún aprisionan nuestra reivindicación de género, temerosos del placer.

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