A la sombra de los abedules

Melendo de Piniolo proporciona la paz a su tío abuelo Fromistano, curtido en mil batallas, mientras él se debate entre el amor de la hija del alfarero, Niria y los compromisos familiares con Lena, del linaje del señor de Riosa, dotada del poder de ver más allá de las cosas y del maleficio de su belleza. Nuestro protagonista aprende de Lucrecio la reflexividad y de Magilo, el último de los príncipes satures, maestro errante que relata los sucesos locales donde se mezclan la crónica y la leyenda, llenando la cabeza de su pupilo de interrogantes.

Con él llegan al palacio de Cenera las historias de la vieja Lugia, mujer medicina, para complementar la educación del joven heredero del conde Numio, adiestrado por Flaino en disciplinas como el arco o la jabalina, pero sobre todo en las enseñanzas de Diocles de Caristo, Ovidio o Demócrito  y toda la escolástica.

Una novela de iniciación en el que conviven el mundo de lo que acaba, el de la morisca Azelaya, sus ajorcas y una religiosidad teñida de fenomenología natural y la devoción  a dioses como Minerva, frente a la cristiandad que se impone y olvida cómo antes se encomendaba a Fulgur o Taranis.

La magia y los tiempos de los muros de piedra para guarecer las haciendas nos dibujan un paisaje de violencia y naturaleza que sirven al joven para ir madurando a través del dolor y el descubrimiento del amor primerizo.

A la sombra de los abedules. Fulgencio Argüelles. Trea, Gijón, 2011. 249 páginas.